Reconocer colores por su nombre es una capacidad desigual en las personas, pues supuestamente ello depende de varios factores, no todos obvios. Uno que yo desconocía, parece ser nuestra lengua materna. Un estudio de Martin Maier y Rasha Abdel Rahman en la Universidad Humboldt de Berlín y publicado en Psychological Science en 2018, sugiere que “Las longitudes de onda de la luz que percibimos como colores, forman un continuo suave, pero de manera crucial, las categorías de colores que las personas usan para dividir este espectro varían entre los idiomas”. Por ejemplo, en idioma ruso y griego existe una palabra específica para el tono “azul claro” y otra para el “azul oscuro”, mientras que en alemán e inglés existe una sola palabra para referirse a todos los tonos de azul.
Pero yo sospecho que no es tanto el idioma el que limita nombrar muchos colores, sino el sexo de la persona. Siempre he creído que las mujeres se saben más colores que los hombres y se me ocurren dos explicaciones. La primera es que si ellas fueran iguales a los hombres, para quienes por ejemplo solo existe el color “azul”, no tendrían disculpas para comprar tanta ropa y zapatos. La otra explicación, más juiciosa que la anterior, es que por naturaleza la capacidad sensorial de las ellas es mucho mayor que la de los ellos, que como el rojo, el verde y el azul, son “primarios”.
Como el espectro cromático tiene casi infinitos colores, tener una palabra para cada uno es imposible, pero también resulta aburrido que todos los tonos de verde se llamen simplemente “verde”. Por eso lo normal es ponerle distintos adjetivos a un color, o en el caso más interesante, inventarse nombres nuevos.
El ingenio para bautizar colores es notable entre las industrias relacionadas con los tintes. Por ejemplo, muy ilusionado compré tinta para mi pluma del sugestivo color denominado “copper burst”, explosión de cobre, pero dicho color resultó más parecido al resultado de un problema estomacal de un recién nacido.
Pero la mejor prueba de los poquísimos colores que conocemos los hombres, comparado con las mujeres, son los esmaltes de uñas. Aquí la paleta de colores es enorme. Una amiga tan sofisticada y elegante como sus esmaltes, me mostró algunos de ellos, con nombres muy hermosos, evocadores, cargados de significado y que invitan a la imaginación, como por ejemplo el color “Tapage”, “Vendetta”, “Rose Exubérant”, “Orange Fizz”, o el “Bleu Majorelle”, tono de azul en honor al artista francés Jacques Majorelle, que pintó de este color su casa en Marrakech.
Pero en el otro lado del espectro de la elegancia y sofisticación, en almacenes locales encontré esmaltes con nombres de colores no muy refinados que digamos. Por ejemplo señores. ¿Cuántos de ustedes sabían que existen los siguientes colores: “Zunga”, “Morronga”, “Gusana”, “Falsa”, “Casquivana”, “Muérgana”, “Buscona” y “Fufurufa”?
P.D. Con estos ejemplos ¿será que en África existe el color “blanco hp”?.