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Aldo Civico
Columnista

Aldo Civico

Publicado el 13 de febrero de 2021

Daniel, el samurái

Cuando lo vi entrar al restaurante, alto, con el rostro parcialmente protegido por un tapaboca, con paso lento, noble, lo asocié con un samurái, los guerreros japoneses honrados en aquella cultura por su disciplina, respeto y comportamiento ético. Le propuse al concejal Daniel Duque que almorzáramos juntos y la única condición que me puso fue que el restaurante fuera vegano. Cuando se sentó a la mesa, y se quitó el tapaboca, tuve la impresión de ver a un guerrero que regresaba del campo de batalla; consciente de su responsabilidad, fuerte en sus convicciones, pero también vulnerable en su humanidad. “Eso no es fácil”, me dijo mientras ordenamos un bowl de papas.

Esa fue, quizás, la tercera vez que me sentaba a hablar con este joven concejal a quien sus propios compañeros de partido lo catalogaron de enemigo por su oposición al alcalde Quintero, volviéndolo así un gran referente en la lucha por la ética pública. La primera vez que me encontré con Daniel Duque fue hace unos años durante un curso de formación política para jóvenes. Con pasión, compartió su historia, las razones de su compromiso político, su activismo por la paz. Percibí en él la semilla de una nueva generación de líderes que, en Colombia, ya no se dejaban definir por el pasado sino por las oportunidades del futuro. En aquel tiempo Duque estaba dando sus primeros pasos en la política electoral. Le vi el talento de político, pero también pensé que le faltaba mucha tela por cortar. Pero al joven le tocó volverse adulto muy rápido.

Solo nos volvimos a ver recientemente, pero desde lejos seguí los pasos de esta promesa de la política colombiana. Daniel Duque no ganó en las elecciones a la Cámara, pero recogió el consenso de más de 23 mil votos; un resultado extraordinario para un neófito. Empecé a reconocer su talante político cuando, con coraje, anclado a principios éticos, se dedicó a denunciar las travesuras del alcalde Quintero y su corte de villanos. Daniel Duque es uno de los pocos concejales que han tenido la valentía de hacer un control político minucioso al alcalde. La gran mayoría, tristemente, se ha dejado comprar a cambio de contratos, nombramientos y favores. Duque, en cambio, ha denunciado las anomalías que se han venido dando en EPM, Ruta N, Buen Comienzo, Metrosalud, Jardín Botánico, entre otras.

Por ser un defensor de la ética pública, su partido, el partido verde, lo ha castigado suspendiéndolo de sus funciones. El partido de la anticorrupción se fue lanza en ristre contra el samurái de la ética pública, en lugar de sancionar a quienes entre sus filas se lucran política y económicamente de esta administración. Una brutalidad que desvela la putrefacción que hay dentro del mismo partido verde. Es quizás esta la batalla más agotadora porque el enemigo más insidioso está entre tus mismas filas. Por eso, hoy la Medellín de los honestos tiene una deuda de gratitud con este samurái paisa y tiene que demostrarle que no está solo en esta batalla, sino que está acompañado y rodeado por una multitud. A quienes hay que aislar es a los corruptos y a los comprados, dentro y afuera del partido verde

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