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Juan David Escobar Valencia
Columnista

Juan David Escobar Valencia

Publicado el 29 de agosto de 2021

¿De verdad quiere saberlo “todo”?

Polibio, el historiador griego, afirmaba que los hombres resistimos casi cualquier cosa, menos la incertidumbre, y Aristóteles decía que “Todos los hombres desean, por naturaleza, saber”. No soy quién para contradecirlos completamente, pero no creo que los humanos, a pesar de su curiosidad y sed de conocimiento, lo quieran saber todo y con certeza.

Por diversas razones, existen cosas que preferimos desconocer porque cierta incertidumbre en el presente es mejor que una certeza angustiosa en el futuro. Algunos estudios, como uno reciente liderado por Ralph Hertwig del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano, sugieren que a medida que nos pasan los años, somos más propensos a desear cierta “ignorancia deliberada”, término sofisticado para el viejo refrán: “ojos que no ven, corazón que no siente”, sobre asuntos que puedan tener un impacto emocional. Miremos algunas preguntas, unas muy filosóficas y existenciales, y otras tal vez no tanto, que es lógico que surjan, pero que no necesariamente anhelamos que sean resueltas.

¿Está seguro que desea que alguien con poderes sobrenaturales le diga anticipadamente el día y hora de su muerte futura? ¿Se haría una prueba para saber si tiene una mutación genética que le provocará una enfermedad mortal incurable, como ser hincha del Independiente Medellín? Siendo un creyente, ¿se atrevería a ver una prueba que confirme o no la existencia de su Dios? ¿De verdad quisiera comprobar la supuesta fidelidad de su pareja? o ¿Saber el sueldo de sus compañeros de trabajo, en especial el de su jefe, del que usted sospecha que solo le pagan para hacerle su existencia insoportable? ¿Se atrevería a que un experto en arte le confirme si la pintura que compró, empeñando hasta el hígado, es genuina? ¿Las mujeres realmente quieren saber la verdad cuando les preguntan a sus esposos si se ven gordas o si son el “amor de su vida”? Dado que la anatomía y fisiología le permitió a la mujer esconder su respuesta y el nivel de la misma al accionar amatorio de su esposo, y a los hombres en cambio los castigó con el estandarte visible de la “verdad por delante” ¿usted cree que ellos, con la mano en el corazón aunque el asunto venga de más abajo, esperan que al preguntar les confirmen que todos los orgasmos de sus esposas son reales? ¿Con sinceridad usted espera saber de qué están hechos los chorizos o las papas rellenas, que más que alimentos son “artículos de fe” o ejemplos nativos de la “economía circular”? ¿Le gustaría enterarse si el señor que prepara los perros calientes callejeros que tanto le gustan, es un ejemplo contemporáneo del estoicismo de un soldado espartano, que resiste la tentación de rascarse la piquiña que le da en ciertas partes de su cuerpo? Si a usted le gusta jugar bolos, ¿desearía saber qué organismos multicelulares vivían entre los dedos de los pies de quien previamente usó los zapatos, todavía calientes, que usted piensa alquilar?

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