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The New York Times
Columnista

The New York Times

Publicado el 26 de agosto de 2019

Deje de publicar las pataletas de su hijo en Instagram\

Por Rebecca Schrag Hershberg y Daniel T. Willingham

¿Qué debe hacer un padre o madre cuando un niño de 2 años grita desconsolado porque su envoltorio de queso se rasgó “de la forma equivocada”? Cada vez más, la respuesta es “tomar una foto, agregar un título sarcástico y subirlo a Instagram”.

Reírse públicamente de la angustia de su hijo se ha convertido de alguna manera no solo en aceptable sino también alentado. Los sitios web ofrecen compilaciones de “lo mejor”, o bromas que los lectores pueden usar al publicar fotos y videos de pataletas. (”Metallica tiene un nuevo cantante principal”).

Como psicólogos y padres, entendemos la necesidad de reír cuando un niño grita porque tiene prohibido comer las bolas de icopor de la caja de Amazon, y también entendemos el impulso de hacer públicos estos momentos. El problema es la burla.

Cuando un niño llora, los padres están programados biológicamente para tomar acción inmediata; aumenta la presión sanguínea, por ejemplo, aunque no sea su hijo. Porque usted sabe que no hay verdadero peligro en una pataleta típica, hace broma en un intento por silenciar la falsa alarma que su cerebro está sonando.

Además, bromear sobre las dificultades con quienes comparten su situación crea un sentimiento de solidaridad dentro del grupo. En un experimento clásico, un investigador observó que los pacientes en una sala de hospital se burlaban unos de otros sobre sus mayores molestias: la impotencia ante la rutina del hospital o el miedo a lo desconocido. Para los padres, ver que otros niños hacen pataletas en las filas del supermercado ofrece el consuelo de saber que “no soy el único”. Un popular libro publicado en 2015 combina un insulto con el consuelo: “Los niños pequeños son unos pendejos: No es su culpa” (Toddlers are A##holes: It’s Not Your Fault”).

¿Pendejos? ¿En serio? Bueno, las ventajas del humor sí viene a un precio, alguien tiene que ser el blanco de la burla. Otro estudio notó que el humor usualmente tiene un trasfondo de hostilidad, por lo que los bromistas se sintieron obligados a respetar las jerarquías sociales. Los médicos podían burlarse de residentes, y residentes de las enfermeras, pero bromas dirigidas hacia arriba en la jerarquía no eran aceptables. Experimentos más formales confirman el papel de la agresión en el humor. En uno, un experimentador interactuaba con sujetos de forma grosera o neutral. Más tarde, se derramó “accidentalmente” té caliente sobre sí misma, y los sujetos con quienes era grosera tenían mucha más probabilid de sonreír o reír.

Esta perspectiva, que hay una pizca de mezquindad en la locura de publicar las pataletas, puede parecer melodramática. Después de todo, no está llorando porque su perro murió; porque el agua en su vasito está demasiado mojada. Es gracioso porque no hay nada malo.

Pero en su cerebro de 2 años, esos dos eventos pueden ser igualmente trágicos. La corteza prefrontal no se ha desarrollado por completo por lo que es difícil apreciar que el agua solo puede estar mojada o que su perro no volverá, o regular la emoción resultante en cualquiera de los casos.

La angustia de otra persona no debería ser una señal para sacar su teléfono, en busca de “me gusta”. Es lo suficientemente malo cuando se trata de un extraño en un avión, pero ¿cuánto más cuando es su hijo, quien necesita su respeto y compasión?

Sí, los niños deben aprender a reírse de sí mismos, y ese tipo de aprendizaje debe ocurrir primero en la seguridad de la familia. Pero esas primeras lecciones deberían referirse a una locura inofensiva que el niño puede entender, y una rabieta indica que es el momento equivocado.

Quienes publican en Instagram probablemente sientan que su risa es inocente, dado que el niño nunca verá el video. Pero si una acción es incorrecta, la conciencia no viene al caso; no está bien engañar a su cónyuge sólo porque ella se queda en la oscuridad al respecto. Los padres también tienen necesidades, pero pueden satisfacerlas sin burlarse de su hijo. Cuando una pataleta estremezca sus nervios, en lugar de reír, use este método empíricamente probado para interrumpir el “ciclo de pánico”. Observe la respuesta de su cuerpo (el corazón acelerado, la respiración superficial) y recuerde que su reacción es biológica, no causa alarma. Tranquilícese aún más con una respiración profunda o un rápido ejercicio de puesta a tierra 5-4-3-2-1.

La solidaridad con otros padres viene de compartir sus experiencias en la crianza de los niños, así que claro, siga publicando historias y fotos de sus hijos - pero no se burle de ellos. Si le tiene que contar a alguien que su hijo se está desmoronando porque es “muy malo para hacer lazos”, dígaselo a un familiar o amigo cercano. Los extraños en Internet no aman a su hijo.

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