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Del círculo de padres lectores

Por manuela zárate

@manuelazarate

Convertirse en padre o madre es maravilloso. Pero no hay que engañarse. Como todo en esta vida entregas unas cosas a cambio de otras. Lo que tiene de maravilloso también lo tiene de terrible. Ser padre es quedarse indefenso ante la vida. De pronto un día tu hijo te mira y te dice cosas como: ¿Cómo sé que estoy vivo? ¿Nos vamos a encontrar cuando ya estemos muertos?

Como mamá hay momentos en los que me siento invencible. Después de todo es un ser humano que salió de ti. Es imposible no sentirse parte de una fuerza creadora, superior a cualquier cosa que pueda hacer el hombre. Somos capaces de crear con la mente, con la manos, con esfuerzo, con inteligencia, pero para hacer un humano hay una mezcla de factores tan complejos y tan sencillos a la vez, que cuando se pone uno a pensarlo es difícil no sentirse abrumado.

Hay niños que se hacen del amor, otros de la casualidad, otros son una búsqueda incansable. Al final cada hijo es parte de la historia de cada madre y cada padre, así como cada hijo, es escritor y protagonista de su propia historia. Nuestra historia parece que comienza en el encuentro de nuestros padres, en sus decisiones o en su destino, pero también estamos escritos desde mucho antes. Estamos ligados a la primera herramienta que diseñaron los primeros hombres que caminaron la Tierra. Estamos ligados a la forma en que vivieron, en que mataron, en que soñaron, en que inventaron. Su tecnología revolucionó el mundo tanto como lo hace la nuestra, y lo que hoy damos por sentado o incluso ignoramos por considerarlo parte de un pasado que creemos que no tiene relación con nosotros.

Cada huella del hombre es una marca en nuestro destino. Cada paso que damos marca el de los que vienen después de nosotros. Desde nuestros hijos, hasta los hijos de aquellos que jamás vamos a conocer. Pero parte de aprender a ser humano es también aprender a mirarse en el espejo de esa lejanía. Tratar de comprender qué les hace ser humanos, qué parte de la piel se parece a la nuestra, cómo sienten, por qué lloran, cómo mueren, y sobre todo cuál es su propósito en la vida.

Todos tenemos nuestro oráculo. Nuestro karma. Nuestro demonio interno. Dentro de cada uno de nosotros vive un monstruo, un santo, hombre capaz de salvar al mundo, uno capaz de destruirlo y uno capaz de comprenderlo. Cuál dejamos vivir y en qué momento es la clave de lo que nos lleva a lograr la culminación de eso que llamamos destino. Algunos lo aprenden solos, otros lo aprenden leyendo.

No hay receta, ni curso, ni forma de asegurarnos el éxito como padres. No hay paliativo para los sentimientos tan fuertes de verlos vivir. Pero hay una cosa que nos une tanto como la sangre: las historias. Porque no basta con enseñarles a caminar el mundo, hay que mostrarles como ser humanos.

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