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Rafael Nieto Loaiza
Columnista

Rafael Nieto Loaiza

Publicado el 13 de enero de 2020

DEL FRACKING DEPENDE EL FUTURO

En sus primeras declaraciones, sin haber coordinado con sus colegas del gabinete responsables de esos asuntos ni con el presidente, y opinando sobre temas de los cuales no es experta, la Ministra de Ciencia y Tecnología se vino lanza en ristre contra el fracking y el uso del glifosato. Sobre el glifosato y su importancia en la lucha contra el narcotráfico he escrito varias columnas. Por eso prefiero centrar esta en el fracking.

En el 2018 Colombia exportó US$ 41.831, un 10.4 % más que en el 17. Las ventas de las industrias extractivas sumaron US$ 24.709 millones, el 59 %. De ellas, las exportaciones de petróleo y sus derivados fueron de US$ 16.482 millones. Es decir, el petróleo y sus derivados fueron el 40,9 % de todas las exportaciones colombianas. Más aún, mientras las exportaciones del sector petrolero aumentaron un 17,5 %, los demás sectores solo lo hicieron un 1,6 %.

El impacto económico del sector no ha sido suficientemente bien valorado. Solo Ecopetrol aportó en el 18, entre impuestos, dividendos y regalías, 23 billones de pesos. Las transferencias de todo el sector pasan los 30 billones. Es decir, entre 4 y 5 reformas tributarias, reformas que recogen cada una entre 6 y 8 billones de pesos.

Ocurre que Colombia produce petróleo pero no es un país petrolero. En efecto, para fines del 18 había reservas probadas por 1.727 millones de barriles. En otras palabras, teníamos petróleo para 6.3 años y gas para 11.1 años. Muy poco.

Peor, de los 865 mil barriles promedio diario que producimos, se consumen 368 mil y hay disponibles para exportar 497 mil. Si perdemos capacidad exportadora, dejaríamos de recibir US$ 16.4 mil millones. Pero si además tenemos que importar, tendríamos que pagar por los 368 mil barriles diarios que consumimos. A un promedio de 60 dólares, gastaríamos US$ 8.059 mil millones en importar petróleo.

El punto: no tenemos cómo compensar los ingresos de las exportaciones petroleras ni los 30 billones de pesos en transferencias del sector. Y no tendríamos cómo pagar las eventuales importaciones. Perder la autosuficiencia petrolera, cosa que está a la vuelta de la esquina, dispararía el dólar por encima de los siete mil pesos, requeriría una brutal reforma tributaria a cargo de unos ciudadanos exhaustos que no aguantan un impuesto más y, aún con la reforma, obligaría a un drástico recorte del gasto público, aparejaría la caída del PIB en al menos punto y medio, dispararía los precios de la gasolina y el gas, y aumentaría de manera gravísima el desempleo y la pobreza. Dicho de otra manera, daríamos un salto hacia atrás y seríamos mucho, muchísimo más pobres.

Eso, no otra cosa, es lo que nos jugamos. De manera que para mantener la autosuficiencia petrolera y, ojalá, nuestras exportaciones, es indispensable encontrar petróleo rápidamente y extraerlo. Y eso solo es posible a través del “recobro mejorado” de crudos pesados y, en especial, del fracking (fracturación hidráulica en español), que no es otra cosa que una técnica que permite la extracción de yacimientos no convencionales. No hay alternativa.

Por supuesto, hay que hacerlo con todas las medidas medioambientales que sean indispensables. En el mundo hay más de dos y medio millones de pozos petroleros que usan esa técnica. En Estados Unidos y Canadá, donde los estándares medioambientales son altísimos, no ha habido ni un solo caso de contaminación de acuíferos por fracking, entre otras razones, porque esas grandes bolsas subterráneas de agua se encuentran miles de metros más cerca de la superficie que los yacimientos no convencionales, usualmente ubicados a grandes profundidades, a los que se accede a través del fracking. Los casos de contaminación encontrados, muy pocos, no son responsabilidad de la facturación hidráulica sino de defectos en los pozos, defectos que también ocurren en los pozos convencionales.

En fin, el fracking permitiría agregar entre 2.000 y 7.000 millones a las reservas petroleras. De ellas depende el futuro de Colombia. Sí, hagamos el debate, pero de manera seria e informada y midiendo con cuidado el impacto que tendría para el país no hacer fracking.

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