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Ramiro Velásquez Gómez
Columnista

Ramiro Velásquez Gómez

Publicado

Desiguales

Se volvieron paisaje. La pobreza y la desigualdad a duras penas ocupan páginas o espacios menores en los medios, pero eso no oculta una realidad que se mantiene año tras año, así durante más de un siglo.

Colombia es el país más desigual en la Ocde y el segundo en la región, reportó el Banco Mundial. Por covid-19, 3,6 millones se convirtieron en pobres y el coeficiente Gini, que mide la desigualdad, llegó a 0,54 %. Así se ha mantenido, punto menos o varios más.

Una minoría que vive muy bien y millones cuya existencia es puro sufrimiento.

El informe es impresionante: hay pobreza en todas las regiones, mas abunda en zonas rurales, en indígenas y afrodescendientes. Alguien nacido en Chocó tiene cinco veces más probabilidades de nacer en la pobreza que uno en Bogotá.

La desigualdad es persistente. El nivel de vida de los padres impacta en la desigualdad de los hijos. La directora de Planeación, Alejandra Borrero, mostró que 93 % de los hijos de madres con nivel de educación superior llegan a este, solo 19 % de aquellos cuya madre solo logró primaria.

Esta condición comienza en la infancia, afectando el futuro laboral y los ingresos

Tan mal estamos que el país tardaría tres décadas para alcanzar el promedio de desigualdad de esa organización.

Casi ni se mencionó
el tema en redes sociales
ni entre políticos. Acá ha
hecho carrera eso de que
los pobres son de malas o faltos de esfuerzo.

¿Por qué estamos así? Entre los factores, destaco el abandono eterno de todo lo que no es gran ciudad y, en estas, de los asentamientos subnormales. Basta montar en los metrocables en Medellín para ver las condiciones de miseria, de vida indigna de miles de colombianos, arrumados en casuchas que suman más cada año.

Al campo se le ha mirado poco más que para expandir la ganadería y los monocultivos, o en busca de la tierra del pequeño agricultor.

A esto han contribuido 200 años de gobiernos que copian modelos capitalistas (que cambian de nombre para suavizar el desgaste) para beneficio de una minoría, auspiciando una corrupción que galopa y desvirtuando hoy el sentido de la democracia.

Mas hay otra característica muy sentida desde la colonización de territorios a finales del siglo XIX, acentuada en las últimas décadas por el narcotráfico, la delincuencia y el deseo de vivir rápido y a lo bien: un amor por el dinero, por acaparar riqueza, que es patológico, con frecuencia pasando por encima de los más necesitados.

Año 2021, Colombia sigue siendo la más desigual. Tan de malas, ¿no?

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