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Humberto Montero
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¡Despertad, amados rojos!

Por Humberto Montero

hmontero@larazon.es

Enmascaradas, las multitudes se han agolpado durante todo el fin de semana a las puertas de las embajadas de Corea de Norte, Cuba y China, entre otras tiranías, satrapías y “narcoplutocracias” que abundan por el mundo. Los manifestantes globales, jóvenes ociosos en su mayoría, protestaban a grito pelado contra la violación persistente de los derechos humanos en esos países. La turba bramaba frente a las legaciones norcoreanas, sacudía las vallas que protegían a los diplomáticos y agentes cubanos, y lanzaba pintura contra los edificios en donde se ocultaban los gerifaltes chinos. El mundo “progre” ha clamado por fin contra la brutalidad de esos regímenes trufados de cleptócratas, chorizos totalitarios y asesinos. Y con razón.

También se sucedieron protestas ante las embajadas venezolanas, en donde se ondearon banderas estadounidenses, francesas y británicas. Símbolos de las democracias más libres y con más solera del planeta. Imperfectas, sí. Pero democracias.

Al fin, la izquierda bienpensante, los comunistas de Iphone, gin-tonic y café-teatro, han arremetido contra el régimen chino, que ha ocultado una pandemia gigantesca hasta acabar con la vida del médico que se atrevió a advertir de la misma. La tiranía de partido único en la que nadie vota, nadie se mueve y nadie protesta. Esa en la que, desde hace 70 años, el partido comunista hace lo que le place después de haber triturado la vida de hasta 20 millones de chinos asesinados durante la llamada revolución cultural de Mao. La misma en la que, aún hoy, hay campos de reeducación, limbos sin ley, en los que están internados entre uno y tres millones de seres humanos. La mayoría musulmanes uigures, pero también kazajos, cristianos chinos y cualquier disidente que no haya sido fusilado.

Los miles de arrojados manifestantes se enfrentaron a la policía para pedir la libertad, cómo no, del oprimido pueblo norcoreano. Donde no han olisqueado una papeleta electoral ni de lejos desde el principio de los tiempos. Ese país en el que el líder supremo, el tarado Kim Jong-un, es heredero de un fornicador sempiterno y violador en masa. Un lugar donde más te vale tirarte por un precipicio si te lo pide el amado líder o tu estirpe desaparecerá de la faz de la Tierra. A buen seguro habrán visto ustedes durante todo el fin de semana imágenes de decenas de muchachas feministas agitando sus pechos con firmeza ante las embajadas norcoreanas, exhibiendo con decisión los eslóganes que llevaban tatuados sobre su piel. Clamando libertad para un pueblo que se levanta todos los días a toque de sirena cuando manda su amado y tarado líder.

La misma libertad que los atrevidos activistas demandaron para el oprimido pueblo cubano. Ya era hora. Tanto en Madrid como en las principales capitales iberoamericanas, el pasado fin de semana marcó una nueva era. El crédito se le agotó a la dictadura castrista. Por fin, tras más de medio siglo subyugados por la boina y el habano del Che, la izquierda reconoce que en Cuba hay una dictadura totalitaria. O lo que es lo mismo, la ausencia de derechos y libertades mínimas, por mucho que el turista pueda irse de parranda hasta las tantas de la noche.

Las protestas contra las tiranías venezolanas y nicaragüenses también tuvieron tirón, pero menos. Al fin y al cabo, por aquellos pagos apenas llevan unos pocos lustros confinados al dictado de sus tiranos.

Y es que, aunque lo fácil hubiera sido protestar contra una democracia como Estados Unidos por la trágica muerte de George Floyd y arrojar huevos a las policías de otras democracias en las que no hay campos de reeducación y no te fusilan por volar cometas, la progresía global por fin ha decidido arriesgarse de verdad. No más sentadas frente a las barras y estrellas para hacerse el “selfie” y luego irse a cenar una hamburguesa. La izquierda de salón por fin se ha quitado la venda de los ojos.

Y ahora, voy a seguir soñando otro ratito.

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