<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
El País
Columnista

El País

Publicado el 06 de mayo de 2021

Discurso de amor

Por Raquel Peláez

Los discursos de odio son como el ruido de los extractores de cocina: uno solo comprende lo mucho que le estaban crispando hasta que se apagan un rato y se recupera la paz. La semana pasada me llegó al WhatsApp una foto de una puerta. Para cualquier otra persona esa puerta no significaría nada pero yo la reconocí inmediatamente. Cuando era una adolescente salí por ella cientos de veces con la cabeza medio mojada, los oídos taponados y el rostro ablandado. Era un recinto construido por el estado de bienestar donde una bañera gigante llena de agua caliente nos brindaba a los niños la inaudita oportunidad de hacer largos en una época del año en la que hasta entonces solo era posible nadar en sueños. Qué bien estábamos. En las invernales tardes de sábado de una ciudad de temperaturas gélidas la apertura de la piscina climatizada pública fue todo un acontecimiento.

Así que cuando aquella foto llegó a mi teléfono recordé todos esos momentos de mi infancia y después entendí perfectamente lo que me quería decir quien me la enviaba: ahí dentro, en ese preciso instante, estaban vacunando a un ser muy querido en edad de riesgo. Esta vez mi padre iba a salir por aquella puerta con la Pfizer puesta. De nuevo, otro gran acontecimiento. Se me empañaron los ojos como los cristales de una piscina climatizada. Nadie me había avisado de este efecto secundario de la vacuna: a ciertas edades es muy difícil sentir cosas nuevas. El corazón se endurece, las mandíbulas se aprietan, las compuertas se cierran. Y sin embargo ahí estaba yo, estrenando una emoción... Quienes también lo hayan sentido ya saben a qué me refiero: una mezcla de alivio, vértigo y alegría suprema. Una forma de afecto que no va dirigida solo a la persona concreta que desde ese momento ha entrado a formar parte del club de los protegidos, sino también a la comunidad genérica que ha conseguido que lo que hace un año parecía un milagro ahora se esté haciendo realidad. Un pequeño orgullo individual que tiene que ver con la certeza de estar formando parte de algo grande y plural.

En las últimas semanas he visto en redes a mucha gente disculpándose por no poder reprimir el impulso de informar al prójimo de que su padre, su madre, su abuela, su hermana, su hija o su pareja ya han sido vacunados. Como si fuese mucho más inteligente difundir un discurso de odio que uno de amor. Como si tuviésemos terminantemente prohibido apagar el extractor

Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otras que consideren pertinentes. (*)

 
¿CUÁL ES EL ERROR?*
 
¿CÓMO LO ESCRIBIRÍA USTED?
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS

Datos extra, información confidencial y pistas para avanzar en nuestras investigaciones. Usted puede hacer parte de la construcción de nuestro contenido. Los invitamos a ampliar la información de este tema.

 
RESERVAMOS LA IDENTIDAD DE NUESTRAS FUENTES *
 
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Teléfono
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS
Otros Columnistas

Aplausos y pitos

$titulo

CAMPEONES EN SUIZA

Richard Carapaz y Rigoberto Urán, campeón y subcampeón de la Vuelta a Suiza que acabó el domingo.

$titulo

RAMIRO ANDRÉS RIVERO Á

Juez penal de Bucaramanga, aseguró en una audiencia que la Policía Nacional se convirtió en “un grupo terrorista”.