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Aldo Civico
Columnista

Aldo Civico

Publicado el 12 de junio de 2021

Disolver las barreras

“Tu tarea no es buscar el amor, sino simplemente buscar y encontrar todas las barreras dentro de ti que has construido contra él”. Es un verso del poeta Rumi, que se me viene mucho a la mente durante estos días, al observar lo que está pasando en este país. Hoy vivimos en un tiempo donde cada vez parece más complicado poder dialogar, reconocerse, respetarse. Nos alimentamos de una cultura política cada vez más antagónica. Vivimos en un mundo donde nos parecemos cada vez más a los algoritmos que nos dicen que es lo que tenemos que pensar, amar, comprar. En estos días también pensé en lo que aprendí de mi experiencia de vida.

Yo nací en una pequeña ciudad en el norte de Italia. Una ciudad sin violencia, sin crimen. En el profundo sur de Italia, sobre todo en la ciudad de Palermo, la realidad era bien distinta. Allá, durante décadas, la Mafia fue la maestra. Pero algo estaba cambiando y por primera vez en la historia, los ciudadanos se estaban rebelando contra su poder abusivo. Por eso, decidí viajar a Palermo, para ver con mis ojos lo que estaba pasando.

Fue así como una tarde me encontré en un barrio de la periferia de Palermo donde conocí a Cosimo, un joven de 17 años, hijo de un mafioso. Mi algoritmo nunca me hubiera sugerido su amistad en Facebook. Nuestras biografías tan diversas nos habían puesto en dos orillas opuestas. Por ejemplo, Cosimo desde su adolescencia había entrado y salido de la cárcel, algo de lo cual se sentía orgulloso, porque este era el camino para volverse un hombre de honor, un mafioso. En cambio, yo me crié en una familia unida y estaba terminando la universidad. Nuestro primer encuentro no fue fácil, no nos entendimos. Pero con el pasar de los días nos volvimos amigos improbables. Es más, Cosimo se convirtió en un espejo de mi vida. Me di cuenta de los privilegios en los cuales vivía y de las bendiciones que había tenido en mi vida. Cosimo a pesar de su historia y de su entorno, me había confesado que quería cambiar de vida. ¿Y yo? ¿Qué pensaba hacer con los talentos y las oportunidades que la vida me había dado? Fue uno de estos encuentros que me revolcó la vida. Regresado a mi ciudad decidí dejar el confort de mi vida, mi familia, mis amigos y me mudé a Palermo para integrarme al movimiento antimafia. Cosimo, el hijo de mafiosos, se convirtió para mí en un improbable maestro de vida.

De esta experiencia aprendí que tenemos que cultivar la curiosidad, sin refugiarnos en lo familiar y lo conocido; que tenemos que salir de nuestra cueva, descubriendo la realidad que está más allá de los límites de nuestro conocimiento; que nos tenemos que atrever a utilizar lentes diferentes, viendo el mundo como los otros lo ven. Tenemos que enriquecer nuestros mapas mentales en lugar de atrincherarnos en ellos. Para poder hacer eso, como dice Rumi, hay que borrar las barreras que hemos construido dentro de nosotros y así reconocernos en nuestras diversidades

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