<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
Juan David Ramírez Correa
Columnista

Juan David Ramírez Correa

Publicado el 27 de julio de 2021

Divino tesoro

“Juventud, divino tesoro”. Muchos conocen la frase y la ponen en perspectiva de añoranza: los años joviales, lo que se podía hacer en tiempos mozos, en fin.

Sin embargo, para muchos jóvenes colombianos no hay divino tesoro, porque la lista de sus problemas es larga.

Los jóvenes en Colombia están desesperanzados. Incluso, esa es la visión que tienen de sí mismos, porque dicen no tener nada que perder. No en vano salieron a las calles dejando un grito desesperado en el camino.

Hace un tiempo, al inicio de las protestas, algunos empresarios de Medellín se reunieron con jóvenes de la comuna 13. La posición de los jóvenes fue enfática: empleo y empleo. En su agenda -que no es nada distinta a sus sentimientos- la prioridad no fue formación ni educación, solo trabajo. Necesitan sobrevivir, llevar alimentos a sus casas y quitarse la sensación de no hacer nada.

Eso no significa que no se necesiten otros asuntos. Ahí está el meollo: la obligación de generar una oferta integral que equilibre sus demandas y eso solo se consigue conociendo qué hay en sus mentes y en sus corazones. Escucharlos, alejándose de cualquier retórica de promesas, pues no aguantan pajaritos en el aire. ¿Qué ofrecerle a un barrista de fútbol que su vida gira alrededor de una pasión que conecta con otros miles de jóvenes? ¿Qué hacer con los que están frustrados, pero saben lo que pasa en el mundo desde la lógica de un influencer al que siguen en redes sociales? ¿Cómo potenciar y orientar a los que ven el futuro desde un grafiti o unos pasos de baile, pero que, a su vez, quieren salvar el planeta y alimentarse bien?

Esa complejidad de pensamiento solo se entiende con una conversación profunda soportada en capacidades institucionales y en el concurso del sector privado, las universidades y la sociedad civil, los llamados a brindar equilibrio en la oferta a ver si se exalta lo mejor de los jóvenes y se rescata el divino tesoro llamado juventud.

Un elemento más en la ecuación: la participación en política. Es clave. Hay que orientarlos y motivarlos a que su opinión se escuche en el marco democrático y no dejarlos bajo el influjo de voces populistas que encantan como sirenas. Ojalá que las elecciones de los consejos de juventud municipales, locales y distritales en noviembre sean punto de inflexión. No olvidemos que ellos fueron quienes montaron al país sobre una nueva base constitucional allá en 1991.

Estamos hablando de 11 millones de personas entre los 14 a 26 años, 22 % de la población. Hey, es un asunto urgente porque están servidos en bandeja para fuerzas oscuras que desestabilizan cualquier amago de progreso como el narcotráfico, las bandas ilegales, las drogas y, ahora, el vandalismo.

Que los jóvenes no caigan en las tierras baldías de la desesperanza y logren encontrar un propósito. Hay que ayudarles con urgencia para que se den cuenta de que su juventud es su divino tesoro

Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otras que consideren pertinentes. (*)

 
¿CUÁL ES EL ERROR?*
 
¿CÓMO LO ESCRIBIRÍA USTED?
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS

Datos extra, información confidencial y pistas para avanzar en nuestras investigaciones. Usted puede hacer parte de la construcción de nuestro contenido. Los invitamos a ampliar la información de este tema.

 
RESERVAMOS LA IDENTIDAD DE NUESTRAS FUENTES *
 
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Teléfono
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS
Otros Columnistas