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Humberto Montero
Columnista

Humberto Montero

Publicado el 18 de enero de 2022

Djokovic y los lame-barandillas

A estas alturas, el genio serbio de la raqueta Novak Djokovic andará por Belgrado sin mascarilla con su séquito de lame-barandillas pavoneándose como superhéroes de los anti-vacunas cuando la variante ómicron sigue propagándose como la pólvora y dejando centenares de muertos diarios en toda Europa. No es necesario repetir aquí las causas por las que “Nole” ha sido deportado por las autoridades australianas, pese a ser nueve veces ganador del principal torneo de tenis de las antípodas, porque todos ustedes habrán seguido con mayor o menor interés los hechos que han forzado la lamentable revocación de su visado. Sin embargo, sí hay que poner en cuarentena el comportamiento ético de un personaje que, por su popularidad, está causando un enorme daño, entre sus conciudadanos especialmente, al minimizar con su comportamiento y sus incongruencias la peligrosidad del coronavirus.

A eso se refería el abogado del gobierno australiano cuando lo calificó de un “icono de los antivacunas”. “Incluso cuando estaba infectado fue a una entrevista y sesión fotográfica que incluyó quitarse la mascarilla”, dijo Stephen Lloyd, al referirse a la admisión de Djokovic de que acudió a una entrevista con el medio francés L’Equipe en Belgrado el 18 de diciembre sabiendo que tenía covid-19. El abogado insistió en que Djokovic podría “alentar a la gente a emularlo” en la violación de las medidas contra el virus. “Sus conexiones con la causa (anti-vacunas), lo quiera o no, aún están presentes y su presencia en Australia supone un riesgo abrumador”, precisó el representante legal australiano.

Hay que recordar que un 92 % de la población diana australiana está vacunada y que intentan dejar atrás los duros confinamientos y cierres de fronteras que se aplicaron durante unos 19 meses para salvaguardar a sus 25 millones de habitantes. También, que cada país pone las normas de admisión que considera más oportunas. Solo faltaría.

Mientras, en Serbia han decidido tomarse el asunto como una afrenta a su héroe. Error. El presidente de Serbia, Aleksandar Vucic, aseguró que Djokovic ha sido maltratado en una “caza de brujas”. Más allá fue el padre del tenista, que comparó los dilemas vividos por su hijo con los sufrimientos de Jesucristo. Con la prensa tirando de patrioterismo barato, el edificio más alto de Belgrado lució una enorme bandera serbia y fue iluminada con el texto “¡Nole, eres el orgullo de Serbia!”.

Parece que a nadie le interesa que la media de contagios reportados en Serbia sigue alcanzando cada día un nuevo máximo, con 11.700 el pasado día 15. Las muertes por esta causa ascienden a 13.045, desde que comenzó la pandemia, sobre una población de 7 millones de habitantes. Quizá no interese que cada día mueren una veintena de vecinos de Djokovic por covid. Serbia comenzó la vacunación como el segundo país de Europa con un mayor despliegue. Sin embargo, hoy solo un 47 % de los serbios tiene la pauta completa. En Portugal, si se contabilizan solo a los mayores de 12 años, el total de inmunizados es del 98 %. En España o Irlanda, del 90 %. En Reino Unido, del 82 %. En Francia, del 76,8 % y en Alemania, del 71 %.

Cada uno es libre de vacunarse o no, pero también lo están las autoridades de proteger la salud y la economía de todos sus conciudadanos. Colombia, por ejemplo, exige certificado de vacunación contra la fiebre amarilla a los viajeros de más de un año de edad procedentes de países con riesgo de transmisión o que hayan transitado más de 12 horas por países de riesgo. Buena parte de los países tropicales y subtropicales de América, África y Asia lo exigen y nadie monta espectáculos absurdos porque ya sabemos lo que hay.

En definitiva, que si “Nole” quiere ir lamiendo barandillas, que lo haga en Serbia. Así él y los antivacunas que le apoyan allí solo arruinarán la vida a sus vecinos 

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