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Fernando Velásquez Velásquez
Columnista

Fernando Velásquez Velásquez

Publicado el 23 de diciembre de 2019

EL ABRAZO INFECTO

Hace poco me llegó una comunicación oficial llamada “Medellín te quiere” con el subtítulo: “agradecer el pago de tus impuestos”, mediante la cual se me invita a cumplir con esa obligación en el 2020; sin embargo, al dorso también encontré una inaudita carta dirigida a los ciudadanos por el señor burgomaestre que, con mayúsculas y vistosos colores azules y blancos, se denomina “Gracias Medellín”. Allí él –quien dice sentirse muy honrado por su trabajo “para vos” durante “cuatro emocionantes (¡!) años” en los que cumplió su “palabra”– extiende a todos “un abrazo” por haberle “permitido ser su alcalde”.

Sin embargo, mi pasmo aumentó cuando en reciente edición dominical del “El Espectador” apareció como anexo el número 16 de la revista “Soy Medellín” publicada por el Municipio –con un tiraje estimado de 150 000 ejemplares– y con el subtítulo: “Más que un cambio físico fue una transformación cultural”. Se trata, en verdad, de una pieza muy rica en recursos técnicos para mostrar las pretextadas “proezas” del saliente funcionario y que, como dato curioso, en dos de las fotos (portada y páginas 4 y 5) lo muestran abrazado por niños de raza negra (¡toda una lección de pluriculturalismo!).

Sin embargo, otra turbación me esperaba: el pasado domingo en el mismo periódico y con igual tiraje aparece un afiche de 40 por 28 centímetros, contentivo de la misiva remitida a mi domicilio. Sin embargo, mi sorpresa se volvió indignación cuando –al reparar bien en el texto– percibí lo que no pude ver en la primera comunicación: ¡el trasfondo del documento contiene cerca de cuarenta fotografías de Federico Gutiérrez Zuluaga! ¡Todo un chapucero culto a la personalidad de un dignatario anodino!

Así las cosas, este exponente de la política criolla repite –una y otra vez– su conducta del cuatrienio con nuestros impuestos: se hace publicidad política mediante revistas, vallas, cuñas radiales, programas televisivos (sin olvidar que Telemedellín se volvió el canal oficial de sus “gestas”), redes sociales, etc. Desde luego, sería torpe desconocer que durante esta administración municipal se jalonaron obras de todo tipo (siembra de árboles, inversiones en transporte e infraestructura, construcción de sardineles y andenes, intercambios viales algunos de los cuales solo sirven para jugar a las muñecas, etc.), pero también es lo cierto que la ciudad está convertida en un tierrero y algunos de esos trabajos se quedaron inconclusos, en ciertos casos porque los contratistas recomendados –cual buenos proscritos– se llevaron los dineros de los anticipos y los dejaron tirados.

Esas prácticas, pues, ponen en evidencia tanto una burda piñata con los dineros públicos para hacerse publicidad política como un fusco manejo de la contratación pública, que no solo son privativos de Medellín sino también –con honrosas excepciones– de otros municipios del área metropolitana y, por supuesto, del Departamento de Antioquia, donde su gobernador ha dado un espectáculo similar durante todo su mandato. Y ese mal, obsérvese, se extiende como una marea negra a lo largo y ancho del territorio nacional.

Así las cosas, los lectores comprenderán por qué motivo rechazo de forma airada el impúdico abrazo de una persona que no me representa; y, en lugar de ello, entenderán las razones que me llevan a solicitar desde estas páginas la intervención de los organismos de control (con la Fiscalía General de la Nación a la cabeza) para que –a la mayor brevedad– investiguen los posibles atentados contra la administración pública que se evidencian y establezcan por qué esos ríos de dineros oficiales no se destinaron a la limpieza del aire, los habitantes de la calle, los mendigos presentes en todos los semáforos, los enfermos que mueren sin asistencia hospitalaria, los niños desnutridos y sin educación, etc.

Eso sí, algo queda claro: a partir de ahora debo preparar mis asfixiados bolsillos para pagar el alza del impuesto predial –que Gutiérrez Zuluaga se tenía bien guardada– y poder contribuir, así, a enjugar las cuentas del protervo derroche en publicidad.

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