Reconozcamos: abogar por el respeto en la diferencia es una causa perdida. Los colombianos parecemos destinados a despreciarnos, humillarnos y maltratarnos los unos a los otros, con o sin razón, a un grado de saturación tal que ya nos sabemos de memoria lo que media Colombia opina de la otra media. En una orilla “estamos” los buenos y en la otra “están” los malos: los guerrilleros, los paracos, los enmermelados, los decentes, los castrochavistas, los brutos, los inteligentes, los de poca estatura moral, los que presumen de superioridad moral, los uribestias, los unos, los otros, los guerreristas, los tibios, los de izquierda, los de derecha, los del tubo del centro...
Pero burlarse de un señor enfermo de párkinson por los movimientos involuntarios de su cabeza (como de perrito de taxi) producto de su enfermedad, demuestra lo ruines que podemos llegar a ser. Me refiero a las mofas de las que fue objeto Antanas Mockus, a quien vimos en la alocución televisada sobre las objeciones a la JEP en días pasados. Su respuesta fue una fina cachetada a la estupidez de algunos: el señor Mockus, de quien estoy ideológicamente a kilómetros, consiguió uno de esos adornos, lo llamó Autorretrato y publicó: “Estamos en un momento que hasta los insultos los recibimos como una bendición. Gracias por tanto cariño”. Magistral. Y vale un potosí en esta confrontación tan ácida y tan nociva en la que vivimos. En apenas diecisiete palabras nos dio cátedra de decencia, grandeza y buen humor, aún en medio de la enfermedad degenerativa tan terrible como la que padece. Si Mockus debería apartarse de la vida pública o no es otra cosa, y no pienso arriesgarme a que me arranquen la nariz por meterla en sus asuntos.
En una edición ya muy viejita de El País de España, el columnista Manuel Talens escribió: “En su libro Historia de la eternidad, refiere Jorge Luis Borges una anécdota, que atribuye a De Quincey, en la que a cierto caballero, durante una discusión, le arrojaron a la cara un vaso de vino. El fulano, sin inmutarse, le replicó a su agresor: Esto, señor, es una digresión, espero su argumento”.
Como los razonamientos en nuestras discusiones cotidianas son escasos y abundan las injurias, traigo un surtido de insultos creativos que encontré en el buscador preferido de Fajardo. Confieso que he copiado porque no encontré a los autores, pero con su permiso implícito y las debidas comillas les presento algunas muestras que nos pueden servir para sacarnos un clavo o mandar a alguien a la porra sin los trillados agravios de todos los días: “Ama la naturaleza a pesar de lo que te hizo”. “Estaría de acuerdo contigo, pero entonces los dos estaríamos equivocados”. “Hay siete trillones de nervios en el cuerpo humano, y tú los irritas todos”. “La envidia es una enfermedad, espero que te mejores”. “Me niego a pelear con un oponente desarmado”. “Que tengas un buen día, en cualquier otro lugar”. “Se podría decir que tienes suerte, tú nunca podrás morirte de un derrame cerebral”. “No hay nada malo en ti que la reencarnación no pueda arreglar”. Elija o mejore a su gusto.
Si nos vamos a seguir insultando de por vida, deberíamos considerar que nuestras frases tan usadas ya ni duelen. Y que el silencio y la sonrisa también son una respuesta inteligente. ¡Renueven, vagos!.