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Juan José Hoyos
Columnista

Juan José Hoyos

Publicado el 15 de julio de 2019

EL INFIERNO DE CLINT

Hasta hace poco, los mil 500 habitantes de Clint ―un pequeño pueblo de Texas situado a 6 kilómetros de la frontera con México― no sabían lo que pasaba detrás de los muros del centro de detención de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos, que funciona junto a la carretera principal.

La estación está separada por una cerca de alambre de púas de los campos de algodón y los pastizales para el ganado que rodean el pueblo. El único movimiento visible era el de los autobuses que se estacionaban cerca de las puertas. A veces estaban llenos de niños. Este año, el flujo de autobuses aumentó.

Después de las denuncias de organizaciones defensoras de derechos humanos y congresistas demócratas, hoy la gente de Clint ya sabe lo que hay detrás: el centro aparece en las portadas de los diarios y es una de las muestras más vergonzosas del caos sembrado en la frontera por las detenciones masivas de inmigrantes ordenadas por el gobierno del presidente Donald Trump.

El de Clint es uno de los 200 centros donde el servicio de Inmigración y Control de Aduanas tiene detenidas más de 50 mil personas, la mayoría inmigrantes latinos sin papeles, refugiados y solicitantes de asilo. Son centros de detención masiva de civiles sin enjuiciar que permanecen bajo arresto durante largas semanas. Durante el gobierno de Trump han muerto 24 personas en estos centros, muchos de ellos sin siquiera enfrentar cargos judiciales. Esto ha puesto en boca de congresistas, revistas y periódicos la pregunta de si hay campos de concentración en Estados Unidos.

Las detenciones han provocado la desmembración de miles de familias cuyos niños han sido separados de sus padres para ser internados ilegalmente en centros sucios y hacinados y en celdas estrechas donde se presentan brotes de piojos, herpes y varicela y donde muchos niños no tienen camas donde dormir, ninguna manera de asearse ni cambiarse de ropa y a veces pasan hambre. Algunos ni siquiera han cumplido los cinco meses de edad.

La estación de Clint fue diseñada para retener unos cien hombres adultos durante pocas horas, y para procesarlos antes de transferirlos a otros sitios. Sin embargo, la cantidad de niños hacinados allí superó los 700 en mayo, y hace dos semanas todavía sobrepasaba los 250. Los niños mayores estaban recluidos en carpas levantadas en un patio de estacionamiento de carros. Muchos de ellos tenían que ayudar a cambiar los pañales de los niños menores y cargar los bebés que aún no caminan.

A pesar del límite legal de 72 horas de detención, muchos niños han estado en Clint durante semanas. Algunos han muerto en cautiverio. Según testimonios recogidos por periodistas de The New York Times, este mes, casi 20 niñas fueron encerradas en una sola celda, tan hacinadas que algunas dormían en el piso. Una de las celdas funciona como unidad de cuarentena para los menores con enfermedades contagiosas. El centro no tiene cocina. Los niños son alimentados con barras de granola, avena instantánea y “burritos”.

Una abogada dijo a los periodistas que en todos sus años de visitar centros de detención, jamás había visto condiciones tan deplorables: 351 niños hacinados igual que en una prisión. Vio el registro y se sintió impactada de ver más de cien niños muy pequeños en la lista. “Dios mío. Me di cuenta de que son bebés. Tienen bebés aquí”.

Un veterano que estuvo de servicio en el Ejército cuando fue derribado el muro de Berlín se mostró consternado de que ahora su país estuviera construyendo un muro fronterizo cerca de su casa. También dijo que estaba aterrado de la existencia de campos de detención de niños. “No sé qué rayos pasó, pero el gobierno se ha desviado de su misión original. Esos niños no deberían estar ahí”.

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