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P. Hernando Uribe
Columnista

P. Hernando Uribe

Publicado el 29 de octubre de 2021

El mandamiento nuevo

El amor, ajeno a toda rutina, es novedad continua. Por mucho que yo ame, es mucho más lo que puedo y debo amar, pues el amor es el distintivo de la grandeza humana. El amor iguala al amante con el amado. Si amo a Dios, el amor me iguala con Dios, por Él, no por mí. “La propiedad del amor es igualar al que ama con la cosa amada” (San Juan de la Cruz). Y por ser infinito, mi tarea de amar a Dios es ilimitada. Cuanto más lo amo, más descubro su grandeza, de la cual, por amarlo, participo cada vez más.

Jesús dijo un día a sus discípulos: “Un mandamiento nuevo les doy, que se amen los unos a los otros como yo los he amado” (Juan 13,34). La novedad del amor es de evidencia elemental para el que ama, pues el amor es sorpresa continua. “El amor solo tiene una palabra, que aun diciéndola siempre, no la repite jamás”, decía San Bernardo, cuyo corazón vivía derretido de amor.

El amor ha existido siempre, pero es novedad el modo de amar de Jesús, pues él mismo lo dice: “Como mi Padre me ha amado, también yo los he amado a ustedes; permanezcan en mi amor” (Juan 15,9). El amor es la máxima revelación de Dios. “Dios es amor” (1 Jn 4,8.16), y por ser amor, sale de sí mismo a crear criaturas de amor. Cada cosa es fruto del amor divino. Y cuando Jesús dice: “Yo y el Padre somos uno”, nos muestra que la unidad es la expresión perfecta del amor.

La pandemia siglo XXI expresa de modo impresionante la ausencia de amor. La codicia, el apego a las personas y las cosas, lo opuesto al amor, tiene en el mundo actual una vigencia asombrosa, como podemos constatarlo en la corrupción generalizada. En realidad amamos demasiado poco para lo que podemos y debemos amar. Cuando Jesús dice: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, me está comprometiendo demasiado, pues el amor a mí mismo es el punto de referencia del amor a mi prójimo.

Jesús nos dice: “Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”. El amor contiene en sí todos los mandamientos, por lo cual, San Agustín, con su enorme agudeza, hace esta invitación: “Ama y haz lo que quieras”. El amor me hace incapaz de hacer el mal, y a la vez incapaz de no hacer el bien. El amor es la garantía de tener un comportamiento apropiado 

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