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David E. Santos Gómez
Columnista

David E. Santos Gómez

Publicado el 10 de agosto de 2022

El nuevo papel de Bogotá

Un recorrido por medios de comunicación internacionales en el último mes, por sus editoriales y sus columnas de opinión, muestra el evidente interés que hay en torno a las figuras de Gustavo Petro y Francia Márquez. Una búsqueda por descifrar el peso que tendrá su gobierno en Latinoamérica. Más allá de los alaridos histéricos de algunos extremos, a ambos lados del espectro político, el razonamiento general es de expectativa. ¿Qué tan lejos podrá llegar el mandato del Pacto Histórico en su intención de recomponer las redes del progresismo? ¿Los inmensos retos internos harán secundaria la búsqueda de unidad hemisférica?

Si bien los dos propósitos no son excluyentes, es evidente a estas alturas postpandémicas que cada Estado busca primero restaurar sus desastrosas economías antes de darle una mirada al vecindario. Aún con las oportunidades que representa una trama sólida de alianzas multilaterales, lo que se le viene al nuevo gobierno colombiano es un desafío social y fiscal de tal tamaño que parece poco probable que abandere algún proyecto de unidad más allá de afiliarse al discurso latinoamericanista e independiente de Washington que hoy es mayoritario. Consolidar esta nueva ola de izquierda, cuya batuta en algún momento pareció recaer en el mexicano Andrés Manuel López Obrador y luego en el argentino Alberto Fernández, se ha hecho particularmente difícil en medio de los temblores internos de cada nación. Es posible que Petro no sea la excepción.

Ya habíamos dicho hace algunas semanas en estas páginas que la política exterior del nuevo presidente tendrá por eje la aplicación del acuerdo de paz y la agenda ambiental. El canciller Álvaro Leyva y la vicepresidenta Francia Márquez representan las dos puntas de lanza de cada uno de estos objetivos. Francia, a su vez, como lo demostró la reciente gira por Chile, Brasil, Argentina y Bolivia, se convirtió rápidamente en una cara reconocida y admirada para el continente, tiene su propia agenda y un discurso más a la izquierda que el presidente. Habrá que ver cómo las diversas posturas del binomio chocan en un futuro cercano, cuando sea momento de las decisiones geopolíticas.

Hasta ahora Petro ha ofrecido una bitácora internacional ambiciosa que, muy seguramente, se moderará con el tiempo. El chileno Boric, crítico de Maduro y del descalabro nicaragüense, parece ser su par más cercano en la visión de una izquierda ambientalista que quiere cortar lazos con el socialismo del siglo XXI, reinante hace dos décadas. La muy posible llegada a Brasil de un recompuesto Lula, escorado hacia el centro, sería otro empujón para la nueva cara que ofrece Bogotá.

El continente espera. El pasado domingo fue claro que somos el centro de un nuevo protagonismo político y es mucho lo que ha cambiado en tan poco tiempo. Ya de por sí es extraño listar al Palacio de Nariño como la morada de un gobierno que por primera vez estará ubicado en la columna de la izquierda 

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