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Juan José García Posada
Columnista

Juan José García Posada

Publicado el 03 de octubre de 2022

El nuevo zar es imparable

Medio mundo, con Estados Unidos a la cabeza, puede condenar la anexión por Putin de cuatro regiones de Ucrania identificadas como rusas. La ONU puede repetir sus llamamientos al respeto por la libre determinación de los pueblos. La Otan puede seguir afrontando con declaraciones enfáticas el bárbaro expansionismo del despótico líder del Kremlin. Comentaristas agudos y creíbles pueden calificar la decisión de diezmar el territorio ucraniano como un acto vulgar de piratería geopolítica. Pero la realidad está en que nadie puede ahora parar al nuevo zar, siete meses después de que lanzara su implacable ofensiva.

¿El reloj enloquecido del planeta está marcando la hora 25 del derecho internacional, de la diplomacia dialogante, de la solución inteligente y civilizada de los grandes conflictos y de la conjuración del riesgo patente de una guerra nuclear? ¿Saltan a la vista la ineficacia y la debilidad de todos los estatutos jurídicos inventados a partir de las tesis filosóficas y políticas de los más autorizados tratadistas, el primero Hugo Grocio cuando escribió De jure belli ac pacis (Del derecho de la guerra y de la paz) por allá en el siglo XVII?

La anexión de la llamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk y de las regiones de Jersón y Zaporiyia, tomadas por las tropas rusas al invadir a Ucrania, lo que reedita la apropiación de Crimea, la formalizó Putin en ceremonia del viernes en la cual pronunció un discurso que, desde nuestro punto de vista de occidentales y afines al llamado mundo libre, más parece una plena demostración de cinismo y un sartal de contradicciones y absurdos conceptuales. Putin ha señalado que “la avaricia, el deseo de mantener su poder, es la razón de esta guerra híbrida que libra Occidente contra Rusia. No quieren vernos como un socio o como un aliado, sino como una colonia. Quieren atacar nuestros valores”.

¿Cómo entender, si la iniciativa invasora fue de Putin, que Occidente deba cargar esta vez con las culpas ajenas y que pase a ser juzgado como victimario? “En efecto, la medida equivale a robar territorio de un poder soberano y declararlo parte de Rusia después de una invasión no provocada, una clara violación del derecho internacional y una de las razones por las que gran parte del mundo no lo aceptará”. Lo dice Stephen Collinson, de CNN, y con él, otros analistas. Es una sentencia obvia, pero que se queda en el aire como todas las que se emitan a partir de la nueva determinación de Putin.

Sugiero la lectura de El nuevo zar (edit. Península), del periodista Steven Lee Mayers, referencia excelente para comprender quién es Putin, qué tipo de autócrata y tirano es el que está impactando al mundo, sus alcances y límites de audacia, talento y frialdad siberiana para tomar decisiones que desafían a quien quiera. Y para conjeturar que nadie en el resto del planeta puede pararlo, ni por las malas ni mediante la mejor voluntad conciliadora. Qué susto 

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