Cultura no hay sino una, la humana, la del hombre y para el hombre. Esta afirmación de J.P. II indica que la cultura es el distintivo del ser humano, hasta poder decir que la cultura es el hombre.
Existe una noción unívoca de cultura, que incluye todas las demás. Cultura es modo de relación, según la cual, cada cultura es un modo de cultura. Relación y modo tienen aquí importancia excepcional. La relación, dándoles sentido de unidad a las culturas; y el modo, distinguiéndolas.
Relación es la corriente secreta que une las partes con el todo, pues todo existe en relación y sin relación no existe nada, por ser la relación el fundamento de todo. Y modo es estilo, sello, carácter, idiosincrasia, personalidad, y el modo de los modos es el amor, que es unidad de dos.
La relación tiene cuatro polos fundamentales: el yo, los demás, el cosmos y Dios. Los sentimientos determinan la relación del yo consigo mismo; el talento, la relación con los demás; el cuidado esencial, la relación con el cosmos; y la religión, la relación de inmediatez de amor del hombre con Dios.
Aquí presto especial atención al talento, que es cualidad, habilidad, destreza. Todo ser humano tiene un talento único y una manera única de expresarlo. El talento no es propiamente una cualidad, sino lo que cada ser humano es en cuerpo y alma de la cabeza a los pies. El objetivo más importante de la educación, desde la cuna, es determinar el talento de cada uno para orientarlo en esa dirección.
Mi talento, que soy yo, determina mi identidad, ubicación y pertenencia. Mi inclinación natural por una actividad o profesión y el gusto en realizarla, me indican cuál es mi talento. Se tiene genio para lo que se tiene gusto. Mi profesión (médico, abogado, sacerdote, ingeniero, músico, cocinero, peluquero, etc.) es el modo de concretar mi talento.
Los talentos son para servir, que es ir en procura del bienestar radical de los demás. Mi talento me lleva a trabajar, no por dinero, sino por hacer bien lo que hago, y por hacerlo bien, me realizo y obtengo a la vez buena retribución.
Toda empresa se constituye para prestar un servicio, de modo que éste, y no el dinero, debe ser el móvil de toda decisión, haciendo de la parábola de los talentos de Mateo 25 su fuente de inspiración, en que el dueño dice a su empleado: “Bien, siervo bueno; has sido fiel en lo poco, te confiaré lo mucho; entra en el gozo de tu señor”.