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Arturo Guerrero
Columnista

Arturo Guerrero

Publicado el 04 de diciembre de 2019

“El violador eres tú”

Es el video más viral de estos paros y marchas. Es una performance colectiva llegada de Chile y puesta en muchas calles colombianas por racimos de muchachas airadas. Se llama “Un violador en tu camino”, pero en las primeras visualizaciones impacta su frase más perentoria: “El violador eres tú”.

Este reproche es más fuerte que el nombre del espectáculo al aire libre. Trepana los parietales, se incrusta en el inconsciente. Les cae a los curiosos masculinos como una acusación venida de todos los siglos. Al pronunciarlo, ellas elevan el brazo izquierdo para herir con el índice los cuatro puntos cardinales.

La reprimenda obliga a repetir varias veces la grabación. Entonces se deletrean las palabras y se entra en el compás del baile, en la eficacia de los silencios. Las cuatro mujeres australes del colectivo Las Tesis son maestras de la coreografía. Todo está cuidado, las filas en cuadrilátero de las ejecutantes, sus atuendos no uniformes, los colores verde y negro de la causa feminista, los tapaojos negros.

No es una canción, es un mantra, un rezo rebelde. No es un baile, es una marcha, una gimnasia. Tampoco es arte marcial, es demostración energética del siglo XXI. Puños cerrados, brazos cruzados, flexión de piernas, giro de hombros de izquierda a derecha y viceversa, señalamientos directos con los brazos extendidos.

Las voces, los clamores: “el patriarcado es un juez que nos juzga por nacer y nuestro castigo es la violencia que no ves”. El desmonte de las justificaciones: “y la culpa no era mía ni dónde estaba ni cómo vestía... El violador eres tú”. La sindicación sobre los perpetradores: “son los policías, los jueces, el Estado, el presidente”. La fusión del feminismo y la política: “el Estado opresor es un macho violador”.

La vibración de las trenzas color zanahoria, la cadencia de las mallas negras que son medias y rejas. Y por sobre todo el ritmo, el equilibrio entre el paso y las pausas, entre el verbo y la nada.

Detrás de la escena, las violaciones, los feminicidios, la impunidad judicial. Dos terceras partes de los abusadores son las parejas o las exparejas, en todo caso los conocidos. Pues el lugar más peligroso para niñas y muchachas es su propia casa. Y los departamentos más azotados son Antioquia y el Valle. Por eso el epílogo es el mismo comienzo: hay un violador en tu camino, el violador eres tú.

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