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David González Escobar
Columnista

David González Escobar

Publicado el 04 de marzo de 2022

Elección de colisiones

El éxito de las consultas de Duque y Petro en 2018 creó el mito de que las coaliciones serían el factor determinante para ganar la presidencia este año. Se ha seguido el guion al pie de la letra: ahí están como protagonistas el Pacto Histérico, la Coalición de la Desesperanza y el Equipo contra Colombia. Los debates se piensan para ellos, las encuestas también. La decadencia de los partidos políticos provocó que estas fueran las elecciones de las coaliciones.

Pero no hay ninguna regla escrita que diga que el candidato vencedor saldrá de una de estas. Al contrario, sus conflictos podrían estar teniendo un efecto adverso: el votante casual anda confundido y abrumado con la cantidad de candidatos, totalmente desentendido de sus pactos políticos.

La primera colisión aspirando a la Casa de Nari es la fachada del Pacto Histérico, que en su artificialidad es la coalición que mejor funciona. “P de Pacto, P de Petro”. Una movida brillante para impulsar su lista al Congreso, en la que está demostrando voluntad por romper el Guinness Récord de tragar sapos con tal de salir victorioso. Una consulta servil en la que ya ni siquiera la vicepresidencia anda en disputa: tan envalentonado se siente Petro que ni siquiera vio la necesidad de cumplir su palabra. Será una falsa consulta que le medirá el aceite al candidato al que vencer en segunda vuelta.

Luego viene el Equipo contra Colombia, a nadie le queda claro quiénes son ni qué los une. Es la coalición transaccional, la pragmática. Parece ser la pareja estable, pero no viene sin sus dramas. Cometieron el error de dividir su potencial electorado al negar al Centro Democrático: una movida orgullosa que los puede condenar en primera vuelta. Pero su gran equivocación es su silencio cómplice. Los dramas de los Chardashians ya tienen efecto más allá del Califato de Barranquilla. Char ni se digna a dar la cara en debates, su maquinaria le recoge firmas mientras él anda en Miami, pero ahora el costo político de su pasado es asumido por todos en la coalición.

Y, finalmente, está la Coalición de la Desesperanza, la del moral y estéticamente superior “centro”. El angostísimo centro, donde a veces parece que nadie de afuera de Chapinero cabe. Ya son tantas peleas internas que se perdió el rastro. Su infantil y reduccionista visión sobre la política no coge vuelo. Fajardo se ve aburrido. Gaviria se siente incómodo y arrepentido. Transpiran hipocresía luchando contra el clientelismo de la mano de Juan Fernando Cristo. El país no se interesa por sus discusiones de mecánica política, hacia afuera todo es cacofonía. Decepcionando hasta a los más ilusionados, sin cambios drásticos acabarán celebrando nuevamente el premio al “juego limpio”.

Todas las coaliciones felices se parecen unas a otras, pero cada coalición infeliz del 13 de marzo es infeliz a su manera. Mientras tanto, el Trump de Piedecuesta Rodolfo Hernández y su intelectualmente insultante discurso antisistema sonríen. “¡Sí ven por qué yo soy independiente!”, afirma con regocijo 

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