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Publicado el 22 de agosto de 2021

En Argentina, la pobreza y la contaminación coinciden

Por Gabriela Cabezón Cámara

redaccion@elcolombiano.com.co

“De pronto sentí el río en mí, / corría en mí / con sus orillas trémulas de señas, / con sus hondos reflejos apenas estrellados. / Corría el río en mí con sus ramajes. / Era yo un río en el anochecer, / y suspiraban en mí los árboles, / y el sendero y las hierbas se apagaban en mí. / ¡Me atravesaba un río, me atravesaba un río!”: este es el final de un poema que habla de éxtasis. Se llama “Fui al río” y lo escribió uno de los mayores poetas argentinos, Juan L. Ortiz, que vivió en Entre Ríos, ahí donde empiezan las islas del Delta del Paraná, uno de esos lugares donde no es difícil entender que somos parte de un todo, de una red de miríadas de millones de seres que hacen la vida.

Ahora los que fueron al río son los jóvenes de la Multisectorial de Humedales. Vinieron remando en kayaks por el Paraná desde Rosario, una hermosa ciudad costera a trescientos kilómetros de Buenos Aires: llegaban este miércoles 18 de agosto y convocaban a una marcha. Pedían que nuestros representantes dejen de postergar el tratamiento de la Ley de Humedales, de vital importancia, porque almacenan y purifican el agua. Sin embargo, se los destruye impunemente. Se los incendia. Se sobredraga el río. Se caza sin controles ni límites su fauna.

Hace veinte meses que el río Paraná atraviesa una bajante histórica. En el sitio web del Gobierno nacional, un alto funcionario del Ministerio de Medio Ambiente, Sergio Federovisky, afirma que la sequía del Paraná “es un evento extremo que tiene origen en el cambio climático y es acentuado por la desforestación en la cuenca y la reducción de los humedales”. ¿Y qué hacen? Nada.

El informe lapidario del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) no torció el pobre imaginario de las élites nacionales: hay que contaminar, dicen, si se quiere crecer. El extractivismo ha sido el corazón de la economía en toda la historia del país. Y acá estamos, con más del 40 % de la población en la pobreza. Además, los mapas de la pobreza y la contaminación coinciden cada día más.

El IPCC fue claro: todavía se puede parar lo peor del cambio climático. Está circulando un petitorio de intelectuales, periodistas, artistas, escritores y gentes de los más diversos oficios por un cupo para que la agenda socioambiental entre en los debates políticos con vistas a las próximas elecciones. Lo mínimo que les debemos a nuestros hijos, y a los hijos de ellos, es un mundo habitable. Y el éxtasis de sentir que nos atraviesa un río vivo

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