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Carmen Elena Villa Betancourt
Columnista

Carmen Elena Villa Betancourt

Publicado el 22 de diciembre de 2020

En esta Navidad, aprendamos de San José

Es un personaje que no pronuncia ni una sola palabra en la Biblia. Sin embargo, sus actitudes nos dejan ver que fue un hombre excepcional, que cumplió muy bien su misión como padre adoptivo y esposo protector. Además, “su silencio persistente no contempla quejas, sino gestos concretos de confianza”, dice el Papa Francisco..

Así fue San José. En los días previos a la Navidad el Pontífice nos regaló una bellísima Carta Apostólica titulada Patris Corde (Con corazón de Padre) para hablarnos sobre este personaje que tuvo un papel fundamental en el nacimiento y la educación, nada menos que del Niño Jesús.

El Papa decidió dedicar un año al llamado Santo Custodio, que se extiende hasta el 8 de diciembre de 2021, para invitarnos a reflexionar en la misión de este hombre ejemplar no solo para los cristianos sino para quien quiera aprender de él.

En primer lugar está la prudencia de San José, a quien el Papa denomina como el “Padre de la acogida”. Él, a pesar del embarazo incomprensible de María, optó, como dice el evangelio de San Mateo por “repudiarla en secreto”. Es decir, rechazarla pero no buscar apedrearla como hacían cruelmente en aquella época con las mujeres adúlteras. “Muchas veces ocurren hechos en nuestra vida cuyo significado no entendemos. Nuestra primera reacción es a menudo de decepción y rebelión”, dice el Papa en este documento. “José deja de lado sus razonamientos para dar paso a lo que acontece y, por más misterioso que le parezca, lo acoge, asume la responsabilidad y se reconcilia con su propia historia”. José seguramente estaba dolido, confundido, desconcertado, quizás se vio forzado a obrar de acuerdo con la dura ley de su tiempo y su cultura, pero actuó con prudencia. El Ángel llegó para pedirle que no dudara de tomar a María como esposa y que el hijo que ella llevaba en sus entrañas era el Mesías tan esperado por los profetas.

Después de este acto de valentía, José tuvo que pasar por situaciones nada fáciles. Irse con su mujer a Belén (distante de 150 kilómetros de Nazaret) porque debían empadronarse allí mientras se cumplen los días del alumbramiento, no encontrar sitio en un lugar digno y atender el parto del Salvador en un pesebre. Luego tener que huir a Egipto porque su pequeño hijo estaba amenazado de muerte. Pasar allí quizás años como extranjeros refugiados para luego regresar a Nazaret. Sufrir, cuando Jesús tenía 12 años, su pérdida en Jerusalén durante tres días. Estas son las penurias que narran los evangelios pero quizás existan muchas más. Bien dijo el Papa, “José no es un hombre que se resigna pasivamente. Es un protagonista valiente y fuerte”.

Mucho puede enseñarnos este hombre en un año marcado por tantos dolores e incertidumbres. Recomiendo la lectura pausada de Patris Corde, pues como dice Francisco, “todos pueden encontrar en san José —el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta— un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad”.

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