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Rocío Arango Giraldo
Columnista

Rocío Arango Giraldo

Publicado el 26 de mayo de 2020

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Uno de los primeros jardines infantiles en el país a comienzos del siglo XX fue el actual Colegio María Auxiliadora de Medellín. Cuando la Hermana Honorina Lanfranco, inspirada por las corrientes de pedagogía infantil en Europa, fundó en 1918 el Instituto Infantil Salesiano, con el propósito de formar a los niños y a las maestras - jardineras. Obviamente por mucho tiempo, y hasta entrado el siglo, este fue un privilegio de los niños de la clase alta. Porque en las historias de la mayoría de los abuelos, los padres y hasta de las nuevas generaciones, sus mamás y papás fueron sus primeros maestros y la casa fue su primera escuela. Me remonto a nuestra historia reciente, leyendo el contexto actual:

Por estos días, cuando la educación virtual ha obligado a la mayoría de los estudiantes a volver a su casa, su escuela, y las mamás y papás de nuevo son maestros. Pero otra dificultad se pone de relieve: además de la conectividad, la educación en casa en el caso de Colombia, encuentra una gran dificultad en la escolaridad promedio de la población.

En el mejor de los casos, los adultos tienen la responsabilidad de ayudarles a los estudiantes con la conectividad a internet, y cuando no se pueden conectar a la red para tomar las clases, a las maestras y los maestros en las casas les toca improvisar las soluciones.

Pero cuando la maestra o el maestro de la casa no les pueden ayudar a los estudiantes porque no tienen idea de lo que están estudiando, se vuelve mucho más complejo realizar las tareas escolares. Según el Ministerio de Educación Nacional, sólo el 22 % de la población colombiana ha terminado sus estudios universitarios. Mientras el 27 % de las mujeres tiene un título de bachillerato, frente al 33 % de los hombres.

Esta situación, además de ocasionar más de una mala nota en las calificaciones de los estudiantes, está impactando negativamente la vida de las familias colombianas. Más que culpar a alguien en especial, la baja educación es fruto de la suma de muchas desigualdades sociales.

Y es una de las tantas brechas sociales que por cuenta de la pandemia están saliendo a flote. Más allá de declarar culpables sobre la situación, es claro que la complejidad de la educación virtual es una respuesta inmediata a estas impredecibles circunstancias.

La educación en la escuela ha estado presente en la mayoría de las culturas desde la más antigua, y ha evolucionado a la par de las sociedades. Pensar en una educación 100 % virtual requiere también que le demos tiempo al tiempo para que superemos muchas brechas sociales, y podamos estar todos conectados y en la misma página.

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