“No son sociedades perfectas, pero ofrecen resistencia al mundo moderno” palabras del premio Nobel de literatura J. M. G. Le Clézio al referirse sobre nuestros orígenes colombianos. En el Hay Festival de Cartagena, Monsieour se refirió a nuestras comunidades indígenas americanas como “el optimismo del futuro” al señalar que la tradición de nuestras comunidades son la base para un mundo moderno basado en el “equilibrio”, palabra que tanto le gusta, y que no para de nombrar en cada una de sus intervenciones.
“Los indígenas de América no son perfectos pero son más evolucionados que nosotros”, por ejemplo, “le piden perdón a un árbol antes de cortarlo o a un animal antes de comerlo”, tienen claro el sentido de lo sagrado. Para mí, él es el más importante y moderno restaurador del sentido de la armonía con la naturaleza en el mundo.
Nadie más inspirador y cercano para las generaciones futuras y presentes que Le Clézio. Del río Atrato y de las selvas del Darién recibió las herramientas que hoy usa en la construcción de sus libros y novelas. De ahí que su discurso en Oslo fue dedicado a Elvira. Indígena amiga de las selvas de América que le transmitió la importancia de la comunicación oral como manera de resistir y que le forjó su camino seguro hacia lo escrito.
Con pocas esperanzas en alcanzar dicho equilibrio o de transformar ese sentido de la armonía, el timón de la sostenibilidad en Colombia sigue hacia el abismo. La desaceleración del crecimiento económico desatado por el agotamiento de nuestros recursos energéticos ha generado el efecto contrario. La presión por exprimir la última gota de crudo y la extracción de minerales en áreas de conservación seguirán siendo los problemas por aumentar este año.
El país no puede seguir cometiendo el mismo error: planificar su desarrollo solamente en actividades extractivas sino planificar la renovabilidad de sus recursos con actividades económicas de largo plazo. Es por esto que para el Gobierno Nacional el hueso más duro de roer siempre ha sido el ambiental. Por su visión de corto alcance.
Tal como lo pronosticamos en la columna pasada, otros franceses nuevamente nos recordaron lo que debemos hacer en el tema. Las recomendaciones de la Ocde en los temas ambientales seguirán siendo las más atrasadas. Por ejemplo, el recaudo de impuestos del país por concepto de sostenibilidad ambiental, al igual que el de México, es el más bajo de todos los países miembros.
Para la Ocde, es urgente implementar un impuesto al carbono que compense y gestione de manera costo-eficiente las emisiones que afectan su patrimonio. De manera complementaria, el recaudo para la sostenibilidad ambiental provendría de ajustar los impuestos sobre los combustibles del transporte y se deberá coordinar mejor la participación de las regiones en el sistema de recolección de impuestos proveniente de las regalías del petróleo y la minería.
Pero los actuales cocineros de este chicharrón no saben cómo hacerlo. Algunos se han ido, pero además las buenas recetas de cocción siguen colgadas a la espera de una nueva orden en el mando. No es porque lo diga la Ocde, ese es el único camino que le queda ahora a Colombia.
El Crecimiento Verde sugerido desde París debe estar acompañado de compromisos claros. Las palabras de políticos no serán las variables de medición. Los sectores económicos deberán demostrar que en este camino del crecimiento recuperarán el sentido de la armonía con comunidades, agua, bosques y suelos, y que además, por ejemplo, se garantizará la reducción de los efectos de la minería y el uso eficiente de los desechos, entre muchos otros.
Monsieour Le Clézio, es tiempo de quedarse en Colombia. América Latina lo necesita. Su imaginación tomada de la memoria de los otros lo convierten en el investigador mas importante de nuestra humanidad, que como Ud. bien dice, está debajo de la civilización reinante. Leamos a Le Clézio.