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David Santos Gómez
Columnista

David Santos Gómez

Publicado el 03 de noviembre de 2020

Es necesario un triunfo aplastante

Los demócratas necesitan que el triunfo de Joe Biden esta noche sea contundente. Ganar y hacerlo con números irrefutables. Pocos dudan que el voto popular será masivamente demócrata pero la clave está en voltear algunos de los estados que hace cuatro años, sorpresivamente, otorgaron sus votos electorales a los republicanos. Tres territorios son definitivos. Pensilvania, Florida y Texas. De este trío podrá resultar una histórica victoria contra el desquiciado Donald Trump.

Sin embargo, el valor y la dificultad de triunfar en cada uno de estos territorios es diferente. Ganar Pensilvania es factible y está en los cálculos de los demócratas. Obtener el triunfo en Florida representaría, directamente, ganar la Casa Blanca. En últimas, conquistar Texas, sería apoteósico. El último candidato demócrata que logró la hazaña fue Jimmy Carter, en 1976. Desde entonces, el estado ha sido un fortín inexpugnable de los republicanos.

De los 538 votos electorales que se distribuyen en los diferentes estados, un candidato necesita 270 para hacerse con el triunfo. Algunos territorios son históricamente conservadores, como el propio Texas; otros, rabiosamente liberales, como California o Nueva York. Hace cuatro años Donald Trump logró 304 frente a una sorprendida Hillary Clinton que se quedó en 227. Al descuidar territorios que creía seguros, la demócrata perdió las elecciones aún cuando superó por cerca de tres millones de votos populares a la estrella televisiva.

La esperanza es que esta noche la realidad le dé una cachetada no solo a Trump sino a todo el partido republicano. Si Biden logra superar por 100 o más votos electorales al presidente, podrá reclamar victoria sin las dudas que los conservadores han querido implantar en la elección. Ganar de manera ajustada y con demoras en el conteo sería un resultado catastrófico que serviría al discurso delirante y conspiranoico del gobernante.

En épocas de poca fiabilidad en las encuestas, tras debacles consecutivas en todos los rincones del planeta, un indicativo parece llenar de entusiasmo a la campaña liberal: las filas del voto adelantado y por correo -un mecanismo denostado y criticado por Trump sin ninguna prueba- son extensas. Incluso en aquellos lugares en los que el presidente aparece fuerte. Si tomamos esas enormes líneas de personas que esperan por horas para emitir un sufragio como una actitud de rebeldía contra la Casa Blanca, Trump está perdido.

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