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David Santos Gómez
Columnista

David Santos Gómez

Publicado el 03 de diciembre de 2019

Este es otro país

Los largos días del paro nacional cambiaron para siempre a Colombia. Aún con los intentos de saboteo y manipulación por parte de una élite política que no sabe -o no quiere- leer el momento que le toca, la voz de la indignación encontró su espacio a medio camino entre las noches de profundo dolor y los días con momentos de esperanza. Con marchas y cacerolazos y discursos estudiantiles y manifestaciones culturales, el país que entró a noviembre no es el mismo que ha salido de él.

Es uno mejor, sin duda. Uno que tiene en la primera fila a una nueva generación, más activa y crítica, que quiere ser tenida en cuenta como un jugador político importante y que odia la condescendencia y las maniobras dilatorias con las que este y los gobiernos anteriores pretendieron imponer sus causas. Esa palabra, pacífica pero determinada, debe ser escuchada. De lo contrario la gobernabilidad actual y futura, local y nacional, afrontará enormes dificultades.

Porque ni siquiera aquellos alcaldes y gobernadores que acaban de ser elegidos en las votaciones del pasado 27 de octubre pudieron prever el terremoto que se avecinaba. De ellos también es el problema. Resulta iluso -y por momentos patético- ver cómo buena parte de la clase dirigente actual, en funciones o elegida, señala al presidente Iván Duque como el único receptor de la rabia de noviembre. El grito, por si aún no lo escuchan, va también contra ellos y contra toda forma abusiva de administrar un poder que obtienen por mayorías y luego consideran propio.

Aún con los días de calma que recibieron a diciembre, la inconformidad que dio sustento al paro sigue ahí y no será fácil hacerla desaparecer. Es irrefutable que, en Colombia, las prioridades ciudadanas han tenido un vuelco y tras décadas concentradas discursivamente en el conflicto armado, ahora demandas como empleo, salud y educación pasan a ocupar el espacio de privilegio que nunca debieron perder.

Y esa es una noticia para celebrar. Ojalá aquellos que tienen responsabilidades en la administración pública lo reconozcan y acepten el viraje que se forjó desde la calle, aunque no será nada sencillo. Por lo general, frente a los grandes cambios sociales, son los políticos tercos y cómodos, los últimos que se enteran.

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