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Juan David Ramírez Correa
Columnista

Juan David Ramírez Correa

Publicado el 09 de agosto de 2022

Esto ya comenzó

Colombia inicia semana con nuevo presidente. Gustavo Petro es su mandatario en propiedad. En otras palabras, esto ya comenzó...

¿Y qué fue lo que comenzó? Un juego de poder con bases ideológicas de izquierda, lleno de simbolismos para congregar el sentir popular. Un juego que se está respetando porque es una decisión tomada en las urnas, haciendo la salvedad de que un grupo considerable, incluso cercano a la mitad de los electores, no quería que fuera así. Eso no está mal y ha sido la ratificación del talente democrático del país, donde las oportunidades están servidas para todos.

Pero lo que puede estar mal es el gran riesgo que trae consigo no ser capaces de controlar ese juego de poder hoy en manos del gobierno.

Explico. Inicia un camino lleno de incertidumbres para Colombia. Claro, nunca hemos visto gobernar a la izquierda. Eso ha hecho que el ímpetu y la fogosidad de los progresistas, encabezados por el propio presidente, caigan en la tentación del abuso de ese poder. Si no, que lo digan los parlamentarios del Pacto Histórico, que se desfogaron durante la posesión del Congreso denotando las ganas de actuar como aplanadora pupitrera.

Petro siempre buscó el poder. Lo trató de alcanzar desde las armas con el M-19, amparado en el sueño revolucionario. Luego, por el camino de la legalidad se ha movido con aciertos y desaciertos y, a la larga, la democracia le permitió llegar al solio de Bolívar, pero no hay duda de que en su espíritu siempre han existido las ganas de poder, unas ganas que incluso tienen visos enfermizos.

Para la muestra, un botón que se vio en el momento de la posesión. El impasse de la espada de Bolívar, al hacer que se la trajeran perentoriamente y a rajatabla, generó una tensión innecesaria y poco sensata. Esperemos que ese no sea el patrón de comportamiento y que la institucionalidad democrática tenga la fuerza suficiente para contrarrestar el tufillo impositivo.

Hasta el momento, en las primeras de cambio, lo que ha mostrado este gobierno es una amagalma de mucho “qué hacer” y poco o nulo “cómo hacer”. Eso es incertidumbre pura y dura para muchos, empresa privada, comunidad internacional, en fin. Sobre todo, incertidumbre para millones de colombianos de a pie preocupados por el costo de vida, sus pensiones, el acceso a la salud y un montón de otros asuntos.

Esto ya comenzó y, la verdad, ojalá que salga bien. Mal haría como colombiano en desear lo contrario, pero sí es bueno advertir los riesgos de este juego de poder, porque los cambios serán inevitables y se deben hacer con criterio y no con sentido de experimentación como resultado de ese poder. Eso obliga a Petro a asumir una responsabilidad histórica sin precedentes, en la que debe ser incluyente y tolerante y, así, quizás lograr acabar con las “dos colombias”, como lo dijo en su discurso de posesión 

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