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Fernando Velásquez Velásquez
Columnista

Fernando Velásquez Velásquez

Publicado el 19 de agosto de 2019

FERIA Y DESVENTURA

Tras escuchar la intervención que hizo el pasado lunes el comandante de la Fuerza Aérea –general Ramsés Rueda– y leer el comunicado emitido por esa institución en torno a la muerte, el domingo once de agosto, de los soldados Jesús Lúcides Mosquera López y Sebastián Gamboa Ricaurte, miembros de los Comandos Especiales Aéreos del Comando Aéreo de Combate Nº 5, aposentado en Rionegro, no parece del todo claro que esas defunciones fuesen producto de un “accidente”, como se dijo y repitieron –cual caja de resonancia– los siempre ávidos medios de comunicación social.

Un “accidente”, dice el léxico entre otras acepciones, es un “suceso eventual o acción de que involuntariamente resulta daño para las personas o las cosas”; por ello, cuando se piensa en que se trataba de una revista aérea hecha por hombres entrenados, que actuaban bajo férreos protocolos y con estrictos niveles de seguridad, son posibles otras hipótesis. Por supuesto, sin entrar en especulaciones o la maledicencia –como ha sucedido con quienes han aprovechado el asunto para enlodar a las instituciones–, sí se debe llamar la atención sobre la forma como se ha empleado el lenguaje, porque ello le crea a la opinión pública la idea de que se descartan otras explicaciones.

Así las cosas, enfrente a tan inesperados fallecimientos –se trataba de dos humildes hombres cuyo único horizonte era la defensa de la Patria, a cuyo nombre cayeron desde las alturas cerca al viejo Aeropuerto uno de ellos empuñando el pabellón nacional– solo caben tres posibilidades: una, fue un accidente en cuyo caso allí termina el debate. Otra: las lamentables pérdidas son producto de la negligencia o la impericia porque no se observaron los protocolos (por ejemplo los “maestros de sogas”), en cuyo caso se debe pensar en la probable comisión de dos homicidios culposos. Y una tercera: hubo mano criminal y la cuerda fue rota por personajes siniestros que querían causar el resultado y, tal vez, desprestigiar al ente respectivo, en cuyo caso se trataría de un doble homicidio doloso.

Por eso las autoridades (y tiene razón el señor director de la Justicia Penal Militar, el jurista José Alejandro Ramírez, cuando reclama que se trata de un “acto propio del servicio”, por lo cual se activan las correspondientes competencias para que los jueces militares asuman las diligencias), de forma desprevenida, deben adelantar sus pesquisas, acorde con un plan metodológico que enrute bien la investigación y aporte los elementos materiales probatorios respectivos.

Para ello, por supuesto, no se necesita la “cooperación internacional” como lo reclamó el señor presidente de la República –también la Fiscalía–, después de lamentar el hecho y pedir, con razón, una “investigación exhaustiva”; él, como abogado, debe saber bien que para cumplir esas tareas se cuenta con personal idóneo entre nosotros. No es necesario, pues, hacer un oso internacional pidiendo “expertos” de otros lados, como ya se volvió usual cuando cualquier evento notorio se presenta. Aquí hay personal preparado para hacer un estudio del lugar del hecho, entrevistar a los testigos, escuchar en versión o interrogatorio a los posibles encartados, examinar el estado de la cuerda respectiva, hacer inspecciones, etc. ¡No seamos tan provincianos!

En fin, también deben censurarse manifestaciones oportunistas como las de un conocido exoficial –para más señas, involucrado en los terribles hechos del Palacio de Justicia–, en el sentido de que los soldados de la Patria deben estar sirviéndole a ella y no haciendo “circo”. Desde luego, que se haga una revista aérea –algo usual en todos lados– no parece un “crimen” condenable. Lo que sí es rechazable es la forma como las festividades que acaban de pasar –esta vez acompañadas de sufrimiento– se ponen al servicio de los intereses de una clase política decadente, que solo busca tender una cortina de humo inmensa sobre una ciudad llena de necesidades y miseria, que no quiere tanto espectáculo circense sino muchas fuentes de empleo y pan.

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