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Juan Gómez Martínez
Columnista

Juan Gómez Martínez

Publicado el 20 de enero de 2022

Frases peligrosas

Hay unas frases pronunciadas con frecuencia, sobre todo en vísperas electorales, que hacen daño y tienden a acabar con la democracia. Sin darse cuenta, permiten que quienes no merecen ocupar los cargos públicos —sea en el ejecutivo, en el legislativo y, en consecuencia, en el judicial— lleguen a los altos cargos por el voto del pueblo, inocente del efecto dañino de ese voto.

Uno de los dichos más frecuentes es: “yo no voto por esos corruptos”. Generalizan como si no hubiera gente buena y honrada que aspira a un cargo para servirle a la comunidad. No votan con ese argumento, en el que tienen razón, pero hay gente muy buena que aspira; con esa forma de generalizar, los que votan por los malos los llevan a los cargos públicos y los que debían votar por los buenos no lo hacen y permiten que lleguen los corruptos a manejar las cosas del Estado.

Otra frase de los dirigentes empresariales: “mi empresa no apoya a los políticos”. Es bueno y positivo que no estén del lado de los malos políticos, pero los hay buenos, defensores de la empresa privada y que, para llegar a un cargo, necesitan del acompañamiento de los dirigentes empresariales. Con el argumento anterior, los empresarios dejan de apoyarlos y permiten que lleguen a los altos cargos los corruptos que sí tienen el dinero suficiente para gastar en una campaña.

“Este fin de semana es puente y me voy para la finca”. No pueden votar porque tienen finca y no pueden perder su descanso un fin de semana en cuatro años. Este sí es el peor de los egoísmos; dejar acabar la democracia y entregarles el país a los corruptos. Pensemos mejor en lo que significa una democracia verdadera para Colombia y no en un día de descanso que solo beneficia a quien lo toma.

Otra frase muy traída para no votar es: “a mí no me gusta la política”. Como si la política se ejerciera porque es muy buena, porque es muy placentero practicarla, como si hacer política fuera para pasar feliz. La política es dura, hay que hacer grandes sacrificios, perder los fines de semana, abandonar con frecuencia a la familia, a veces hasta correr grandes riesgos. La política se hace en bien de la patria y de los colombianos. Los llamados políticos corruptos la hacen en su propio beneficio.

Otra disculpa: “la política, que la hagan los políticos”. Volvemos a lo mismo, dejamos que los corruptos sean los que hagan la política para su propio beneficio y hagan que el ejecutivo, el legislativo y el judicial se llenen de corruptos.

Para que el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial trabajen honestamente por Colombia, tenemos que votar por los incorruptibles, pero tenemos que votar. Es que un mal presidente, que piense solo en él, o en un premio, acaba con el país. Unos malos congresistas, que están allí para enriquecerse, se convierten en la peor lacra y, entre los dos, ejecutivo y legislativo, llevan a los peores a ejercer Justicia.

Ojo con el 2022 

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