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Santiago Silva Jaramillo
Columnista

Santiago Silva Jaramillo

Publicado el 30 de abril de 2015

Ganarles a las Farc

La última derrota de la guerrilla –de sus excesos, de su tiranía, de su violencia- vendrá en las urnas, ante el tribunal implacable que es la democracia, una vez se atrevan a medirse a los votantes colombianos, cuando su discurso anacrónico y sus maneras agresivas no encuentren el eco que ellos esperan, y que nosotros les negaremos.

Sí, ojalá no homologuen sus crímenes por desmovilizarse y ojalá el acuerdo llegue de forma ágil y pueda ser aprobado –o no- por todos los colombianos en un referendo, como debe ser, como nos lo prometió el presidente Santos. Pero lo cierto es que las probabilidades de que las Farc se desmovilicen e intenten ingresar al juego político del país son bastantes altas, incluso con las últimas crisis del proceso.

Ahora, lo primero que podemos analizar son sus perspectivas políticas de alcanzar el poder a nivel nacional, truncadas, entre muchas razones, por una imagen perversa –bien ganada, bien merecida- frente a la opinión pública nacional. De hecho, en los últimos veinte años de seguimiento a la opinión de la encuestadora Invamer Gallup la imagen positiva de las Farc nunca ha estado por encima del 5 %, compitiendo con el margen de error.

Por eso, sus mejores probabilidades de participación política se encuentran en dos escenarios: que ganen curules en el Congreso “por derecha” en la negociación de La Habana o que intenten ganarse gobiernos locales en sus zonas de influencia. Y allí reside el verdadero peligro de su participación política para el Estado colombiano y en donde debe haber mucha vigilancia de autoridades electorales, civiles y de la fuerza pública, para que sea lo que sea que se ganen en las regiones, sea meritorio.

Pero me atrevo a decir que será mucho menos de lo que los mandos de la guerrilla quieren y esperan; que años de crímenes pasan la cuenta. Porque las Farc fracasaron, su derrota es tan clara como su voluntad de negociar en La Habana; irónicamente, es ese proceso el final de cincuenta años de excesos y pretensiones de “tomarse el poder”, es la mejor señal de que perdieron la guerra. Por supuesto, para derrotarlos democráticamente, primero tenemos que desmovilizarlos, por eso la importancia de que el proceso de paz llegue a buen término.

Que sea entonces el penúltimo paso antes del fin. Que una vez se desmovilicen y quieran hacer política, los colombianos tengamos la oportunidad de, con nuestros votos en la mano, con la democracia y la legalidad de nuestro lado, derrotarlos de nuevo. Para que ojalá, en solo algunos años, toda la muerte y destrucción que provocaron, todo su “legado”, no sea más que un punto negro en la historia del país, un parpadeo antes del olvido.

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