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Juan David Escobar Valencia
Columnista

Juan David Escobar Valencia

Publicado el 07 de octubre de 2019

Gente y relaciones como la tabla del 1

Lo que usamos en un sistema algebraico para solucionar una operación binaria o ley de composición de dos operandos o argumentos mediante el algoritmo especificado del producto, son, “ahora sí en español”, las tablas de multiplicar.

Es un ritual humano que en nuestra infancia nos obliguen a aprendernos las tablas de multiplicar, sin saber en ese momento si ello tendrá alguna utilidad más adelante. Finalmente, a punta de regaños, repetición, premios y rabietas, terminamos por hacerlo. Pero es de adultos cuando nos sirven también para comprender cosas que de niños no imaginábamos serían importantes en la vida: entender a otros e interactuar con ellos, lo que llamamos “relaciones”.

Me referiré principalmente a la tabla del 1, por la similitud entre ella y algunos tipos de personas y relaciones. La tabla del 1 era nuestro alivio cuando la del 7 o la del 9 nos estaba destruyendo el cerebro y la dignidad, entonces para consolarnos, recitábamos velozmente la del 1 para no sentirnos completamente tontos. Pero de mayores, comprendemos que hay relaciones y personas como la tabla del 1: fáciles y que no implican ninguna dificultad. La tabla del 1, como algunas relaciones, es a prueba de idiotas, no hay incertidumbre alguna pues no importa lo que pase, el resultado es sabido. Y no es que las relaciones solo son buenas si parecen una travesía azarosa por el mar de la incertidumbre; pero es que cuando “todo” es predecible, el viaje es como una sesión de ejercicio en una banda caminadora. El punto de partida y el de llegada es el mismo. Por lo mismo son aburridas hasta el sopor. Nada más insoportable que la predictibilidad absoluta, sean personas, vidas, películas o libros. La tabla del 1, así como algunas personas y relaciones, son inútiles, obvias y letárgicas. Hasta un idiota las domina y por eso son para idiotas.

También se parece a las relaciones en las que una de las partes no aporta nada, como el estéril 1, y el otro miembro de la relación es un egocéntrico que lo es todo, la causa y el resultado. 1x5=5 y 1x3=3. En dichas relaciones todo depende del que no es “1”, que se caracteriza por ser un egoísta arrogante que solo habla de sí mismo, cree que el otro existe exclusivamente para ser su escucha y lo que los demás piensan, sienten o necesitan son intrascendentes como el “1”. Ambos se necesitan. Uno, o “1”, para llenar su vacía existencia, y el otro para que alguien sea su eco y lo aplauda sin controvertir.

Una pariente de la tabla del 1, un poco más compleja y productiva, es la del 10, pero también es aburrida y predecible. Pero nada peor y destructiva que una persona o relación como la tabla del “cero”. No importa quién se relacione con ese “cero”, un 5, 7 o “uno”, todo se anula, todo queda en nada, mejor dicho, en “cero”.

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