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Rafael Nieto Loaiza
Columnista

Rafael Nieto Loaiza

Publicado el 07 de marzo de 2022

Geopolítica de la invasión

La Otan y la Unión Europea: Desde la disolución soviética, la Otan no es más una alianza antirrusa, sino un acuerdo de seguridad colectiva para proteger a sus miembros de agresiones externas. Putin ha sostenido que la expansión hacia la Europa oriental amenaza su seguridad y es intolerable. Los hechos muestran lo contrario y la invasión lo confirma. Ninguno de los países que hacen parte de la Otan ha agredido a Rusia. En cambio, hacer parte de la Otan sí protege a los Estados que la integran de la amenaza rusa. Paradójico: la invasión rusa a Ucrania , que supuso volver a llevar la guerra al corazón de Europa, fortalece a la Otan y la justifica. Si en algún momento se cuestionó la necesidad de su continuidad, hoy nadie la pone en duda. De hecho, Alemania, que se había rehusado tradicionalmente a hacer esfuerzos presupuestales para fortalecer sus fuerzas militares, ha tomado la decisión de aumentar sustantivamente su gasto militar hasta el 2 % del PIB.

La neutralidad y el pacifismo: la neutralidad Suiza tiene doscientos años. La invasión a Ucrania hizo que los suizos se sumaran a las sanciones tomadas por la Unión Europea. Suecia, que por ley no podía exportar armas a países en guerra, anunció que transferiría armamento antitanque a Ucrania. Finlandia, con una tradición pacifista aún más antigua, tomó una decisión similar. Suecia y Finlandia, por su lado, han quedado con un dilema que tendrán que resolver. Desprotegidas por la Otan, de la que no hacen parte, y amenazadas por Rusia, si deciden integrarla. Hoy hay debate interno en ambos países para integrar la Organización, cosa impensable antes.

Moldavia: acaba de pedir formalmente acceder a la Unión Europea. Tiene frontera con Ucrania y expertos consideran que sería el próximo paso de Putin si cumple sus objetivos con Kiev. Y el siguiente podría ser Bosnia. Lo cierto es que Putin, que quiso dividir a Occidente, está consiguiendo todo lo contrario.

Colombia: hay un reto, en especial por la venta de armamento militar ruso a Venezuela y, a corto plazo, la posibilidad de interferencias informáticas durante las elecciones. No podemos entrar en una carrera armamentista. Pero el chavismo no parece dejarnos camino distinto a fortalecer la cooperación con los Estados Unidos y la Otan.

Gas y petróleo y cambio climático: finalmente, la invasión cambiará la dinámica del mercado de energía. No solo por las dificultades que supondrán las sanciones para la venta de petróleo ruso, sino porque Europa entendió que no puede depender del gas ruso. Las políticas para luchar contra el cambio climático se verán atrasadas. Y mientras que se hace la transición, Colombia se verá favorecida por el mejor precio del crudo y del carbón y su mayor demanda 

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