<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
Humberto Montero
Columnista

Humberto Montero

Publicado el 12 de octubre de 2021

Hispanidad

El mundo hispano, cuyas señas de identidad no son exclusivamente una lengua universal como el español, sino siglos de intercambios a uno y otro lado del Atlántico y del, siempre olvidado, Pacífico, adonde se extendían los dominios del Imperio, desde Filipinas hasta Guam, está de enhorabuena. Y no solo porque hoy celebramos su día —denominado de la Raza, del Descubrimiento o de Colón, según el gusto—, sino porque siguen siendo legión los enemigos que, un día sí y otro también, atacan la cultura surgida de la unión de dos mundos diversos e infinitos que se forjó desde la Conquista. Y ya se sabe que cuanto más fuertes y abundantes son los enemigos, mayor es la grandeza de nuestra gesta.

Siempre hubo quien, por traición o devoción, se unió a la leyenda negra que ingleses, holandeses y franceses fueron tejiendo cual tela de araña y que solo prosperó con el declinar del Imperio, pero aún hoy perduran los acomplejados revisionistas que pretenden derruir la historia y quemar los libros en los que, desde la llegada de los primeros descubridores y conquistadores, se dio buena cuenta de todo: desde las hazañas más sublimes hasta los derechos de indígenas y alguna que otra tropelía. Y ahí radica la grandeza de nuestra hispanidad, que fuimos capaces de crecer con espíritu crítico y de mantener la fraternidad más absoluta después de una Independencia ganada con la sangre derramada por hermanos.

Uno, que ha escrito en estas páginas mil palabras defendiendo nuestra herencia y las proezas de aquellos primeros descubridores que se aventuraban en mares y océanos desconocidos, anda en estos días por Galicia, la tierra donde descansan los restos del Apóstol Santiago, patrón de las Españas y de media América. Solo cuando uno viaja por un país tan heterogéneo como España, donde en apenas 500 kilómetros se pasa de un desierto en Almería a los paisajes más propios de Escocia en estas tierras gallegas y donde las aguas cálidas y casi tropicales del Mediterráneo se tornan en gélidas en el Atlantico y el Cantábrico, puede comprender por qué el mundo hispano nunca buscó la uniformidad y defendió a capa y espada la diversidad. Porque, tras siete siglos bajo el yugo árabe, la propia España era pura mixtura.

Es hora de glosar nuestro pasado sin complejos. Y de admirar la grandeza de nuestro mundo hispano. Ese que durante siglos ha dado cobijo y prosperidad a millones de españoles llegados desde Europa y amamantado a otros nacidos en América, hijos del encuentro de dos mundos tan diferentes que no pudieron menos que entrelazarse. Hoy, muchos de esos “españoles” del otro lado del charco viven y trabajan en España y aquí han echado raíces sin problemas. Mientras, el flujo de españoles hacia las Américas prosigue. Y nunca un hispano se ha sentido extranjero entre esas lindes. Porque nuestra gran casa es infinita y en cualquier rincón de ella está nuestra alma. ¡Celebremos, pues, hermanos, el día de nuestra raza! Una raza con mil matices en la piel 

Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otras que consideren pertinentes. (*)

 
¿CUÁL ES EL ERROR?*
 
¿CÓMO LO ESCRIBIRÍA USTED?
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS

Datos extra, información confidencial y pistas para avanzar en nuestras investigaciones. Usted puede hacer parte de la construcción de nuestro contenido. Los invitamos a ampliar la información de este tema.

 
RESERVAMOS LA IDENTIDAD DE NUESTRAS FUENTES *
 
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Teléfono
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS
Otros Columnistas