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Óscar Domínguez
Columnista

Óscar Domínguez

Publicado el 24 de septiembre de 2020

Historias de locos bajitos (40)

Los menudos tienen la palabra:

lona: ¿Quién inventó las palabras, estas que estoy diciendo yo?

Mamá: - Las primeras personas se pusieron de acuerdo e inventaron las palabras para poderse comunicar.

Ilona: ¿Y de dónde vienen las personas?

Mamá: - De otras personas.

Ilona: ¿Y de dónde viene la voz?

Mamá:- De aquí adentro (la garganta)

Ilona: Gracias por tus preguntas, mami.

El padre le hace al hijo la inevitable pregunta: qué quiere ser cuando sea grande. “Jubilado, como mi abuelito”.

Bridger, de seis años, el niño héroe que salvó a su hermanita del ataque de un perro en Estados Unidos: “Si alguien debía morir, tenía que ser yo”.

Llevé a Toña, mi hija, a ver a Bambi. Para ella no hay nada más horrible que pensar que una mamá se muere. Cuando la mamá de Bambi muere en la película mi hija lloraba en silencio. Entonces le pregunté: «Amor, ¿estás llorando?», y me contestó: «No, mami, no estoy llorando, son mis ojos que lloran solos».

Mami, yo creo que puedo cambiar el mundo.

¿Cómo?

Haciendo que la gente no use armas ni coma animales. (Sofía, ocho años).

Papá, ¿crecer tarda mucho? (Dominique Fabián, seis años).

El hecho de haberle enseñado a Silvia, una de mis sobrinas más amadas, la palabra luna, me convence de que no he vivido en vano. Dijo “unga” mucho antes que los tradicionales papá y mamá.

“Yo escribo como si estuviera hablando dormida”, le dijo la poeta María de las Estrellas, a la editora de su primer libro publicado a los 7 años en forma de antología.

El padre: “Marcela (tres años), te vas a caer, Marcela te vas a cae...”

“Papito, si me caigo, me recojo”.

Felisa, la nana oriunda de Tadó, Chocó, se quejó por falta de dinero. Jacobo le dice: Felisa tú eres boba: Hay una casa que se llama banco, mi mamá entra y le dan dinero. Ve allá.

El abuelo le dice a su nieto de ocho años: Emilio: Vamos a rezar. Emilio le responde: abuelo, no quiero. El abuelo insiste: Si no aprendes y no te gusta rezar, entonces no vas a poder hacer la primera comunión. Guadalupe, su hermanita menor de cuatro años que estaba presente en la conversación, responde de inmediato: “Abuelo, si no puede hacer la primera comunión, entonces que haga la segunda”.

La mamá se jacta de lo mucho que ha crecido Lucas, su hijo de cuatro años: «Hoy, al despertarse me ha dicho que ya era muy mayor, porque a los dos años no le gustaban el huevo frito ni los champiñones, ahora sí. – ¿Qué más cosas no hacías con dos años y que ahora consigues hacer?, le pregunto. – No hablaba bien mamá, entonces ya pensaba que te quería mucho pero no te lo podía decir

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