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Óscar Domínguez Giraldo
Columnista

Óscar Domínguez Giraldo

Publicado el 05 de mayo de 2022

Historias de locos bajitos (49)

¡Albricias! La noticia gorda es que los niños se hacen oír de nuevo:

“Si la guerra vuelve, sobreviviré. Siempre sobreviviré porque tengo un osito que me protege”, niña ucraniana de siete años, desde su refugio en Mariúpol, mientras acariciaba su mascota de peluche.

La mamá le pregunta a su hijita de tres años por qué dice que Pascal, el gato, es un suertudo. Esta es la respuesta de la nena, al borde del llanto: “Pascal no tiene que hacer tareas, no tiene que hacer nada, nada. No más duerme, come, lo acarician, lo consienten, duerme todo el día. ¿Qué me va a responder a eso? Por eso yo quiero ser como el gato. Pascal se va, es callejero. Dígame, ¿qué ventajas tiene ser humano?”.

Después de un encuentro familiar, Susana, de cuatro años, despide en el aeropuerto a los que van regresando a sus bases. Primero salen los que vinieron de Francia; abrazos y lágrimas. Susana se lamenta: “¡Y pensar que mañana tenemos que volver a llorar!”.

María José, de ocho años, le pregunta a su abuelo: “¿Por qué Saturno tiene anillos y los demás planetas no?”. Convertido en improvisado Galileo, el abuelo le explica: “Ocurre que Saturno tiene varias lunas que giran casi al mismo tiempo sobre su línea ecuatorial, y...”. La nena le corta el rollo para replicar: “Ah, pensé que era porque era el único planeta que había decidido casarse”.

Le preguntaron a Matilde qué haría cuando fuera grande. Respuesta: “Seré preguntadora de preguntas”. Ahora estudia periodismo.

La familia se va de parque. El programa incluye montar en la montaña rusa. Camilo, de cinco años, dice: “ Yo quiero volver a subir”. “No, porque lloras”, dice la mamá. “No importa, pues vuelvo a llorar”.

“Abuelito, yo creo que la abuela tiene covid”. “¿Por qué, Valentino?”. “Porque yo estaba acostado en la cama con ella y me tiré un peíto. Y cuando le pregunté a qué olía, me dijo que no olía nada. ¡Yo creo que la abuela perdió el olfato...!”.

Estábamos desayunando y de pronto Migue dice: “No se imaginan la llorada que me pegue anoche”. “¿Y eso?” “Pensando en todas las cosas que ustedes hacen por mí”.

“Hola, me llamo Sofía. Puedo pasear tu perro el fin de semana: 1:00-2:30 pm. Cinco dólares, veinte minutos”. Sofía, de nueve años, reside en Miami.

Mi nieta estaba sentada a mi lado en la sala mirando en la tablet un programa que le encanta. Repentinamente se para y va a buscar a su papá: “Papá, yo no me voy a sentar más al lado del abuelito porque él habla mucho y me caen gotitas de saliva, y de pronto me pega el ómicrón”.

“Quiero volver a ver el sol”, niño ucraniano, desde un refugio, dos meses después de la invasión rusa 

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