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Carlos Mario Giraldo
Columnista

Carlos Mario Giraldo

Publicado el 16 de marzo de 2015

Hombre grande y sencillo

Son muy conocidas las grandes cualidades de Nicanor Restrepo como empresario, como ser humano único, miembro ejemplar de nuestra sociedad y colombiano comprometido hasta el final con su país.

Dentro de ellas, hay una cualidad que siempre me impactó: su desprendimiento de lo material y del poder.

Nicanor, coherente con lo que siempre dijo, se retiró de Suramericana cuando tenía todo el poder a su haber, dirigiendo al grupo empresarial más importante del país y sin que nadie lo empujara a ello.

Lo hizo dando ejemplo, porque nunca fue prisionero del poder. Pasó a ser un ciudadano más, dedicado a su pasión por el estudio y el humanismo. Se fue con un morral al hombro a cumplir sus sueños académicos, con admirable dedicación. Su auténtica sencillez lo hacia especialmente grande a los ojos de todos, sin que fuese una postura, sino simplemente el reflejo de su ser bondadoso, lleno de generosidad.

Desde el momento de su retiro comenzaron unos años admirables en su vida: acompañando, aconsejando, ayudando a gobiernos, empresas, organizaciones sociales, a los estudiantes y a los más débiles, con su experiencia, su palabra oportuna y su humanismo. Todos lo consultábamos y siempre estaba allí listo para darnos la mano.

Ya era un hombre sin el poder que dan los cargos, pero con la inmensa autoridad que inspiraba con sus valores, su coherencia y la fuerza de sus ideas y convicciones. Con esa palabra amable, cargada de humor y con un positivismo que hacía ver las cosas fáciles y obtenibles.

Me impactaba, igualmente, su permanente disposición al servicio. Una actitud que se expresaba en lo grande, como cuando aceptó la Gobernación de Antioquia y emprendió la tarea de recuperación del Magdalena Medio, o cuando le dedicó agotadoras jornadas a la negociación de paz. Pero también estaba al servicio de lo pequeño, preparándoles personalmente el café a sus amigos y preocupado porque siempre nos sintiéramos bien.

Tenía la grandeza que otorga la humildad, que le permitía aún reírse de sí mismo. Siempre trató con cariño y deferencia a los más humildes, y a quienes tuvimos la fortuna de estar a su lado, nos dejó una huella imborrable.

No tengo duda alguna de que Nicanor Restrepo es el empresario que mayor influencia positiva ha tenido en la Colombia de los últimos 30 años. Y no me refiero a sus cargos, sino a lo que hizo por la gente, por la paz de Colombia y por mostrar que hay un estilo gerencial diferente, basado en la transparencia, la humanidad, la cercanía y el compromiso social sincero, que no busca reconocimiento, sino simplemente... ayudar.

A mí, como a muchos de sus amigos, Nicanor me va a hacer una enorme falta. Llevaré en la mente siempre su ejemplo y sus consejos y en el corazón su recuerdo.

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