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Juan David Ramírez Correa
Columnista

Juan David Ramírez Correa

Publicado el 06 de abril de 2021

Inconscientes

Llevamos poco más de un año en estas por culpa del coronavirus. Cuesta aún acostumbrarse, pero es lo que hay, por más que nos tenga al límite de la paciencia y hasta de la cordura.

Pero no hay justificación para hacer lo que se venga en gana. ¿Cuál es el problema? El montón de inconscientes, por no llamarlos miserables, que les cuesta entender la dimensión del asunto. En pleno inicio de una tercera ola, que pinta muy dura, y sabiendo la cantidad de muertos y problemas que ha traído el virus, es increíble ver cómo la inconsciencia rampante nos tiene al borde del colapso en materia de salud.

Esa inconsciencia genera una desazón muy grande con la condición humana. El covid-19 puso a prueba los valores de la gente y, la verdad, no salimos muy bien librados. Esa solidaridad tan loable al principio de la pandemia se les esfumó a muchos. ¡Vaya reclámele a alguien para que se ponga el tapabocas! ¡Hágalo para que sienta la inquisición por la vía de las miradas o por las del insulto! Tener un trapo en la boca es muy incómodo. Obvio, va contra la naturaleza humana. Pero qué le hacemos, pues. Toca usarlo, es obligatorio. Ahí es cuando toca preguntar ¿qué parte de la palabra obligatorio no se entiende?, ¿cuánto cuesta entender que usar el tapabocas salva vidas?

La vacuna es un gran paso, pero la gente debe entender que no es un antídoto, no elimina el virus ni salva del contagio. Es el camino para crear una protección colectiva que hipotéticamente salvará al mundo en un tiempo y por más esfuerzos que se hagan, el proceso de inmunización colectiva va a ser lento. Que Chile va muy bien, Israel, volando, en fin. Felicitaciones. A pesar de eso, por ejemplo, Chile vive un momento crítico. Hoy, el resto de los países viven en una tensión de tira y afloje. Dependen del despacho de vacunas por parte de las casas farmacéuticas. Desde que se inició la vacunación, haciendo esfuerzos titánicos, van cerca de 700 millones de personas inmunizadas en todo el mundo. ¿Cuál es la población mundial? Hombre, estamos hablando de cerca de 7.000 millones de personas. Sencillo: falta mucho.

Nadie, por más que le pongan la vacuna, está exento de contagiarse. Hasta que no alcancemos la llamada inmunidad de rebaño no estaremos a salvo. Por el momento, los vacunados tienen una ventaja: si les llega a dar, quizás no les pegue tan duro y eviten caer a una unidad de cuidados intensivos.

Al inicio de la pandemia, un médico me dijo: “el tema es simple: si alguien llega a cuidados intensivos y lo entuban, la probabilidad de vivir es del 50 % y súmele que la familia va a sufrir por lo menos 30 días”. Contundente. ¿Será que los inconscientes quieren reducir sus posibilidades de vivir a la mitad?

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