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Juan David Ramírez Correa
Columnista

Juan David Ramírez Correa

Publicado el 02 de junio de 2020

Jugados

Hombre, la verdad... estamos jugados, porque el encierro no fue diseñado para esperar a que el virus se fuera cuando quiera.

La cuarentena ha sido la oportunidad de ganar tiempo. Frenó el ritmo de contagios, puso a las personas en sintonía con un problema ni el verraco, permitió organizarse, evitar que se desbordara el sistema de salud, encontrar focos de contagio, preparar la atención de pacientes críticos y dimensionar lo necesario para esa llamada nueva normalidad.

Sin embargo, la apertura del país causa tensión mientras se avecina la etapa crítica de la pandemia. Tendremos que vivir en función de dos asuntos que no son excluyentes: protección de la vida y reactivación económica. Separarlos equivale a morir por A o por B.

Vienen los meses más duros en la propagación del virus. El rango de contagiados diarios será de miles y algunas zonas causarán temor por el crecimiento desbordado de casos. Quizás, desde el punto de vista científico, a pesar del riesgo, estaremos avanzando hacia una inmunidad colectiva que proteja en un futuro contra nuevas olas del coronavirus.

Lo importante es controlar la mortalidad y que no se dispare el indicador como en Brasil, donde no hubo ninguna preparación para la “gripita”, como la llamó el presidente Jair Bolsonaro.

Ahora bien, las cifras reveladas por el Dane muestran el complejo panorama que causó el aislamiento radical. 19,8 % de desempleo es una cifra que vapulea y asusta. Piense en la desesperanza de los 5,3 millones de personas que se quedaron sin empleo. ¿Qué hago ahora? La frase duele.

El grado de desespero de los empresarios está llegando a niveles insostenibles y esa sensación del agua subiendo por encima del cuello es poco agradable. Entonces, toca jugársela por reactivar la economía y amilanar por lo menos una pizca, asuntos tan dolorosos que asoman a la vuelta de la esquina como la pobreza y la miseria.

Así estamos. Jugados en una reinvención a todo nivel que depende de la disciplina ciudadana. Cuidarse es obligatorio. Obligatorio. La crisis no ha pasado y toca seguir jugados para crear, dinamizar y resistir de todas las formas existentes para recuperar la vida productiva.

Que es muy mamón usar tapabocas todo el tiempo, que lavarse las manos a cada instante es complejo, que estar lejos de los otros, que quedarse en la casa es un karma... qué le hacemos, pues, es lo que se debe hacer a ver si adquirimos una cotidianidad que mitigue los temores y permita retomar el caminado, buscando abonar terreno para que los problemas que infortunadamente se avecinan no sean tan grandes en el futuro.

Tendremos que aprender a vivir con la pandemia. La responsabilidad individual es clave para salvar vidas. Por eso, consejo simple: no tema decirle al que falle con las medidas, que sea responsable. Hágalo, sin dudarlo, porque ya estamos jugados.

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