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David E. Santos Gómez
Columnista

David E. Santos Gómez

Publicado el 02 de noviembre de 2021

La bravuconería mata

Tras una investigación de más de seis meses una comisión del Senado brasileño pidió que se impute al presidente Jair Bolsonaro por su catastrófica gestión de la pandemia. El gigante suramericano contabiliza ya más de 600 mil muertos por el virus y los legisladores consideran que un buen porcentaje de esas vidas se habrían podido salvar si el gobierno federal hubiera actuado responsablemente, si no se hubiesen realizado los actos multitudinarios impulsados por el mandatario o si se hubiese insistido en el uso de tapabocas o impulsado mejor la vacunación. Para Bolsonaro, el covid siempre fue una pequeña gripa, y su actitud despectiva de la ciencia y promoción de medicamentos alternativos pueden ser catalogados, siempre según los investigadores, como incitación al crimen. Lo acusan, además, de infringir las medidas sanitarias, de falsificación de documentos y de usar mal los recursos públicos.

Las posibilidades judiciales de que prosperen las fuertes imputaciones son mínimas. La fiscalía del país tendría que hacer la acusación formal, tras recibir el informe del Senado, pero está claro que no lo hará. La institución de control está en manos de un sujeto considerado bolsonarista. Un proceso de impeachment, tampoco es probable. De esta forma el impacto de la noticia se quedará en el señalamiento de la enorme incapacidad gubernamental.

Pero marca precedentes, allá y acá. La sombra de su ineptitud asesina lo acompañará siempre, y lo incomodará muy pronto en la campaña que se viene y en la que busca su reelección. Y en nuestro país -donde hay gente del común y políticos que admiran al brasileño- habría que insistir en cómo la altanería y la soberbia matan. Y no es menor. Porque aquí nos acostumbramos a que hablar duro y levantar el puño y amenazar y mostrarse furibundo, era una forma de liderazgo. Quizá la más reconocida y aplaudida de todas. Y en una nación que se mantiene en ebullición y ha derramado tanta sangre, esas formas han costado vidas. Muchas. Decenas de miles. Porque se acusa y luego se investiga. Porque se dispara y luego se pregunta.

Así que, aunque legalmente no pase nada con el vecino desequilibrado, nos queda esa pequeña reflexión. La necesidad de impedir que esas formas despreciables de la bravuconería constante sigan a la cabeza de nuestros desordenados países

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