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P. Hernando Uribe
Columnista

P. Hernando Uribe

Publicado el 18 de junio de 2021

La confianza

Confianza, palabra amable que llena de sentido la vida cotidiana. El regalo de los regalos, hacerle saber a la persona con quien vivo la confianza que le tengo. Goethe escribió: “feliz el que lleva la fe pura en su seno, no le dolerá ningún sacrificio”.

Confianza es la actitud de quien se siente débil y por eso sale de sí mismo a apoyarse en algo sólido que le brinda seguridad. La confianza despliega mecanismos asombrosos de valentía y superación. En el libro de Job, lleno de sabiduría, el protagonista habla así al Creador: “Aunque me mates, seguiré confiando en ti” (13,15). Atrevimiento que me pasma de admiración.

A Jesús lo conmueve sobremanera la confianza de la gente, como la de quienes le traen un paralítico. Consiguen que Jesús lo cure al instante de cuerpo y alma (Mt. 9,2). Lo mismo que la hemorroísa, a quien Jesús le dice: “¡Ánimo!, hija, tu fe te ha salvado” (Mt 9,22).

A Santa Teresita, en su lecho de muerte, le dicen que ella tiene mucha confianza porque nunca ha pecado, y responde: “aunque hubiera cometido todos los crímenes posibles, seguiría teniendo la misma confianza, porque esa multitud de ofensas serían como un gota de agua echada en una hoguera ardiente.” Asombroso instinto de lo divino.

Jesús dice que la fe mueve montañas, y, “si ustedes tienen fe en mí, harán las mismas obras que yo hago y aún mayores” (Jn 14,12), fe que él mismo cultiva en la relación con su Padre. El evangelista Marcos cuenta cómo Jesús va un día con sus discípulos en una barca. De repente, mientras Jesús duerme “en popa” (Marcos 4,36), se desata una tempestad que amenaza con hundirlos. Los discípulos lo despiertan llenos de miedo. De inmediato Jesús, recriminándoles su falta de fe, hace callar el viento y el mar.

Jesús lleva a la práctica lo que dice el salmo octavo: “Le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies”. Sometimiento amoroso, como cuando camina sobre el mar o cura a distancia con una palabra. Lo que el vidente entrevió: “Él despliega los cielos sin ayuda y camina sobre las espaldas del mar” (Job 9,8). La confianza de Jesús en sí mismo, gran lección que tenemos por aprender.

¿Cuánto confío en mí mismo para lo que puedo y debo confiar? Me demuestro que sí interesándome en llevarlo todo con igualdad tranquila y pacífica, de modo que los sentimientos de alegría, entusiasmo, fortaleza, acogida y generosidad afiancen cada día más la confianza en mí mismo en este tiempo turbulento de pandemia universal

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