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Publicado el 14 de enero de 2022

La familia multiespecie

Por Sandra Daniela Rojas Castillo

En la primera audiencia del año, el papa Francisco sorprendió al mundo al criticar a las personas que han decidido no tener hijos y cuya familia la conforma un perro o un gato. Entre sus comentarios, la idea de “humanidad” la ligó con la de “paternidad” o “maternidad”; así, se entiende que quienes en lugar de tener una familia “tradicional” han optado por concebir una familia multiespecie atentan contra esta idea de humanidad. Esta afirmación no se esperaba del papa, que ha sido denominado “progresista”; apoyó las uniones civiles de la comunidad lgbtiq+, invitó a adoptar un estilo de vida no consumista y reconoció el divorcio como una opción. Pero, a pesar de algunos avances en el pensamiento, es una realidad que la iglesia todavía mantiene el antiguo espíritu antropocentrista que ha imperado socialmente, por lo que la aceptación de estas familias, sin hijos, requerirá más tiempo.

De la afirmación del papa, el primer tema álgido es la “humanidad” presentada desde el ser padre o madre. Además de ser conveniente, es errónea, pues limita y sesga el verdadero espíritu de lo humano a un ámbito biológico de conservación (reproducción) o de relaciones de dominio sobre los animales (estos como objetos en lugar de sujetos). Más que la clasificación de nuestra especie, la “humanidad” se define como una actitud benigna y compasiva con el otro, humano o no humano. La consideración e inclusión de los deseos e intereses de los otros rompe con lo negativo que nos representa como especie (crueldad, corrupción, etc.) y nos acerca a la construcción de un mundo mejor para el futuro.

El segundo tema es la opción antinatalista por la que nos decidimos muchos jóvenes. Esta no es un capricho, es resultado de una profunda reflexión en relación con las condiciones ambientales, económicas y sociales que vivimos, y que parecen persistir al no haber un cambio significativo en la forma como nos relacionamos con la vida. Además de escoger no tener hijos biológicos, o más hijos, las nuevas generaciones optamos por valorar la vida no humana lejos de cualquier instrumentalización. Decidimos ser familias multiespecies que incluyen a perros y gatos, en su mayoría, víctimas de la crueldad, la negligencia y la ignorancia humana. En otras palabras, hemos resuelto empatizar con una de las poblaciones más olvidadas y maltratadas, los animales, y detener la perpetua cadena de dominio y violencia sobre la vida mediante la construcción de relaciones compasivas y horizontales con los otros.

Por último, el tercer tema, tener perros o gatos en lugar de hijos no es un asunto de reemplazo. En general, nuestros animales de compañía no son pequeños humanos con mucho pelo; todo lo contrario, son perros y gatos, individuos con necesidades e intereses que deben ser considerados y protegidos y a los que, por lo mismo, decidimos tener bajo nuestra custodia. Es posible que el papa vea problemática la elección de ellos en lugar de hijos por el cuidado que en muchos hogares les damos a nuestros animales, pues se asemeja bastante a lo que recibiría un hijo (atención médica, alimentación balanceada, esparcimiento, etc.), pero esto no es una cuestión de proyección humana en los animales, sino de reconocimiento de ellos como sujetos con sistemas y niveles cognitivos complejos, por lo que la satisfacción de sus necesidades individuales se parece bastante a la humana.

Quienes optamos por tener familias multiespecie, sin hijos, no lo hacemos por egoísmo ni queremos ir en contra de ningún precepto tradicional, es un acto de amor hacia el prójimo (no humano). Esta decisión no debe implicar que nos falte humanidad; todo lo contrario: abrimos nuestros corazones y compartimos desinteresadamente nuestras vidas con estos seres vulnerables. Al final, ¿qué puede ser más humano que ayudar y proteger al frágil? 

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