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La fatal ignorancia

Muy mal parada quedó la Universidad Externado con la patética exhibición de ignorancia económica que en tono mayestático hizo Petro Urrego, el más famoso de sus egresados. El hombre ya había barrido el suelo con su diploma de economista, pero lo de la asamblea de la Andi fue vergonzoso y habría resultado divertido si la investidura del expositor no lo hubiera hecho dramáticamente trágico.

En economía, como en cualquier ciencia, solo hay dos escuelas, la de los que saben y la de los que no. Los de la segunda, como Petro Urrego, que no entendieron bien las cosas y los embistió el cálculo diferencial, alegan que existen muchas y se refugian en la sociología, la historia y en venerables economistas del pasado a quienes bastaba un poco de aritmética para exponer los rudimentos de la ciencia en formación.

Los fisiócratas, economistas franceses del siglo XVIII, en una época en que aquella debía representar el 80 % o 90 % del PIB, sostuvieron que la agricultura era la única actividad que creaba valor venal. El comercio, la artesanía, el transporte, las finanzas y todo lo demás eran “estériles”. Marx, el ídolo de Petro Urrego, añadió la industria como fuente de “riqueza real”, dejando como “estériles” el comercio, las finanzas, etc.

Hoy el 68 % del PIB mundial está compuesto por servicios inmateriales, industria y minería representan el 27 % y la agricultura, el 5 %. Pero, según Petro Urrego, el PIB mundial no sería 96,1 billones, sino 30,7, pues el resto no tiene valor porque corresponde a actividades “estériles”. Los herederos de Richard Stone, quien en 1984 recibió el Nobel de Economía por inventarse las cuentas nacionales como las conocemos, deben devolver el premio para que la Academia Sueca lo entregue a Gustavo Francisco.

Contra toda evidencia, citando pomposamente a Walras, Petro Urrego sostuvo, ante los empresarios de la Andi, que la libertad económica había fracasado en todas partes y que era necesario aumentar la acción reguladora e intervencionista del Estado para acabar la pobreza y salvar al planeta del colapso ambiental. Los países que encabezan los ránquines de libertad económica divulgados por el Instituto Fraser y la Fundación Heritage son los más ricos del mundo y ninguno de ellos parece estar especialmente agobiado por problemas ambientales. Todo lo contrario, su alto nivel de riqueza les permite manejarlos mejor que a los países pobres, la mayoría de los cuales son un desastre ambiental y ocupan los últimos lugares en la escala de la libertad.

Aunque Colombia ocupa un modesto lugar en los ránquines de libertad económica —92 en el Fraser, con 68/100, y 49 en el Heritage, con 68/100—, Petro Urrego piensa que es excesiva y promete recortarla con impuestos agobiantes y restricciones al derecho de propiedad. Por eso, aunque en otro contexto su discurso habría sido especialmente hilarante, en la asamblea de la Andi nadie rio; como tampoco reiría un paciente quirúrgico a quien anuncien que será operado por un médico que aprendió su arte de Maese Nicolás, el barbero-cirujano que aparece en El Quijote 

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