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Arturo Guerrero
Columnista

Arturo Guerrero

Publicado el 20 de enero de 2021

La inauguración y los augures

La posesión presidencial de hoy en Estados Unidos demuestra para qué sirve votar bien. En primer lugar, hay que subrayar la palabra usada allá para registrar este acto: inauguración. Según la etimología, significa “verificar los augurios”. El día está marcado por la consulta a los augures, a quienes presagian lo que vendrá.

Entre los antiguos, estos agoreros esculcaban en el buche de las aves que por evolucionar desde las alturas descifran más. Así pues, ‘in-augurar’ equivale a mirar adentro de la sabiduría de los augures, quienes tienen la aprobación de los dioses.

La democracia cambió a los dioses por los pueblos. Los hijos ya no serán los herederos de la corona de sus padres, los cuales en su momento la ceñían por mandato divino. Hoy los ciudadanos son los determinantes de la sucesión. Y los augures son las autoridades electorales, que han de ajustarse a la Constitución donde es menester examinar la buena ventura pública.

Al mediodía, Joe Biden será inaugurado. Los augurios, no solo de su país sino del vasto mundo, indican un drástico viraje en el caminado de la potencia number one. Fue tal la chifladura de su predecesor empelucado, que los adivinos no sufrieron muchos trabajos para profetizar. No obstante, cualquier descalabro habría podido suceder...

El hecho es que las águilas calvas que surcan a Estados Unidos a ciento sesenta kilómetros por hora -como un carro a toda mecha- están puliendo sus majestades en vista de que las suertes cambiarán.

¿Qué dicen las entrañas de esas rapaces? Que los electores gringos aplicaron el freno a tiempo. Que se le fue la mano al líder anaranjado. Que calculó mal la potencia de sus huestes supremacistas. Que al menos en esta ocasión habrá cuatro años de tregua en el ascendente tropel de los privilegiados de siempre.

A continuación, habrá una despresurización de la caldera donde se cocinan las barbaridades para las mayorías. Las águilas calvas, es decir sin penacho trumpista, dormirán en su flotación omnisciente y soñarán albricias para el planeta allá abajo.

Hoy el mundo se irá a la cama con una liviandad sobre la almohada. Las aves del augurio sostendrán con garra los hilos de donde cuelga la ponderación. E incluso la pandemia echará a correr, luego de haber apaleado a la humanidad con las numerosas plagas de Egipto

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