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David Santos Gómez
Columnista

David Santos Gómez

Publicado el 03 de febrero de 2015

La incapacidad de Samper

Había opinado, meses atrás, sobre el bochornoso hecho de que el expresidente Ernesto Samper estuviera ahora como máxima cabeza de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). El político, de chistes fáciles pero pantalones débiles, pasó del honorario cargo de exmandatario al de jefe de una organización hemisférica con dudosa independencia. Un título más de adorno, que efectivo.

Pues el 2015 ha iniciado con una ratificación de lo dicho. Ernesto Samper es un incapaz de la geopolítica local, que habla para opinar sin fundamentos ni pruebas ni cifras; y calla cuando sus denuncias pueden incomodar al pensamiento bolivariano. Sé que hablamos de diplomacia, que se debe andar con pasos de pluma por caminos fangosos, pero lo del expresidente colombiano es vergonzoso.

Con Twitter como tribuna, el secretario general de Unasur ha dado unos bandazos que sonrojarían a un opinador cualquiera, pero que en él, tratándose de un funcionario hemisférico, están provistas de irresponsabilidad. No debe usar los trinos como colofón de sus ideas sueltas. Se supone que en él reposaría la sobriedad de un dirigente suramericano pero, a estas alturas, es pedirle demasiado.

Una de sus perlas ocurrió el pasado octubre cuando aseguró que el asesinato del diputado oficialista venezolano Robert Serra era una “preocupante señal de la infiltración del paramilitarismo colombiano”, en el vecino país. La acusación acelerada, calentó a los millones de compatriotas que viven en el país gobernado por Maduro y que soportan con desgano el sonsonete manido de Miraflores de que toda maldad viene o de E.U. o de, justamente, los paramilitares. Samper le hizo eco al heredero de Chávez y luego calló.

Pero la inmediatez que muestra para señalar culpables de asesinatos, se extraña cuando debe emitir opiniones por abusos cometidos por el mismo gobierno venezolano. Sobre la situación de Leopoldo López, por ejemplo, enmudece vergonzosamente mientras tuitea chistes flojos o generalidades políticas intrascendentes.

Pero allá sigue en Quito, estrenando la despampanante sede de Unasur y cobrando el sueldo mientras camina sin pisar cayos y hace diplomacia de sonrisa.

Quizá él también reconozca que la organización no pasa por sus mejores días. Que impulsada en épocas de bonanzas petroleras, ahora se empieza a revelar lúgubre, intrascendente e incompetente. Características que venían antes de Samper y que se acrecentaron tras su llegada.

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