CRISTINA DE TORO R.
“En este Gobierno no hay y no habrá nunca persecución política. En este Gobierno como en pocos le hemos dado a la oposición, de derecha o de izquierda, todas las garantías para expresarse libremente y para hacer su oposición”, dice el presidente Santos y agrega que, como “crítica y oposición” son tan buenas para la democracia, él mismo las estimula.
Se necesita tener “huevo”, como dice el bigotudo compañero de pilatunas del expresidente narcoelefante, para decir semejante falacia sin siquiera sonrojarse.
Como si a estas alturas no conociéramos el personaje y supiéramos de sus alcances.
Desde aquel nefasto día que se acercó al entonces presidente Uribe, viendo en él la posibilidad de llegar a la Casa de Nariño, porque como bien anota el senador Robledo, el presidente Juanpa, solo no es capaz de hacerse elegir “ni para la alcaldía de una ciudad de hierro”, ha venido jugando bajo cuerda.
Ya no cabe duda de que él jamás estuvo con el presidente Uribe, que fue un infiltrado en ese gobierno y que desde ese entonces se dedicó a allanar su camino y a quitar del medio a todo aquel que pudiera superarlo. Vienen a mi cabeza nombres de ministros, comisionados de paz, etc. y me asaltan malos pensamientos.
En fin, desde ese entonces, decía, se dedicó a poner fichas estratégicamente para que, una vez llegado al mando, pudiera poner en marcha la macabra y enmermelada manguala que, desgraciadamente hoy nos rige. Esta perversa unidad en la que no se diferencian los poderes y donde las grandes entidades están completamente deslegitimadas, y no se permite que nada ni nadie cuestione o se interponga en sus planes.
Parapeto diseñado para impedir cualquier asomo de objeción, empezando por el expresidente Uribe, el primero que iba tener que atajar puesto que él (Santos), mejor que nadie sabía que el expresidente no se iba a quedar quieto cuando se diera cuenta de que a espaldas del pueblo colombiano se estaba cocinando una negociación de paz, que implicaba impunidad total y debilitamiento de la democracia para dar vía libre al Socialismo del Siglo XXI.
Para ello se hizo asistir de un fiscal general de bolsillo. Un individuo vanidoso y “pantallero”, a quien el rigor y la discreción de su oficio parecen tenerlo sin cuidado. Un funcionario que interviene sin pudor en política y que, según las necesidades del momento, esgrime e interpreta leyes a su antojo. Una especie de “boy scout”, siempre listo a sacar de apuros al presidente Juanpa: de la ley del Monte... alegre.
Que no diga el Presidente, entonces, que aquí se respetan la crítica y la oposición cuando a la única voz disidente que es la del Centro Democrático, partido constituido legítimamente y que obra en democracia, es sistemática y descaradamente atropellada.
A esa colectividad se le ofende verbalmente; hacen oídos sordos a las amenazas de las Farc; sus dirigentes son perseguidos judicialmente por haber sido declarados “enemigos de la paz”; los acusan utilizando testigos falsos; infiltraron y frustraron su campaña presidencial, y ahora les niegan permisos a sus senadores para que no denuncien ante la comunidad internacional los atropellos de que están siendo víctimas, etc.
Aquí ni crítica, ni oposición. Aquí domina el presidente Santos con su ley del Monte...alegre.