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Fernando Velásquez Velásquez
Columnista

Fernando Velásquez Velásquez

Publicado el 04 de febrero de 2019

LA LÓGICA DE LA SABANDIJA

Cuando se utilizan espacios destinados a opinar, se ha tornado usual que ciertos comentaristas de la vida nacional empleen un lenguaje procaz para zaherir y alinear en el bando contrario (el de los violentos y descarriados) a quienes no comulgan con sus tesis extremas, porque ellos se creen los poseedores de la verdad revelada o los únicos “ciudadanos de bien”. Ese proceder es más evidente cuando se refieren a quienes proclaman la necesidad de reivindicar las instituciones propias de un régimen democrático y claman por el respeto a las reglas aseguradoras de la convivencia social, para las cuales es consustancial el aseguramiento de la libertad individual y, por ende, la posibilidad de disentir.

Así las cosas, expresarse en forma distinta o plantear otra perspectiva sobre lo que debe ser la sociedad es mirado como un insulto y objeto de minimización; incluso, el ejercicio legítimo de la protesta ciudadana se criminaliza o genera la eliminación física porque se entiende que ello solo lo hacen los “enemigos”, como lo evidencia el doloroso asesinato sistemático de líderes sociales o personas asimiladas. Pareciera, entonces, que solo fueran posibles dos extremas concepciones del mundo: la de los terroristas, quienes ahora pretenden que sus demenciales acciones son “legítimas” y están amparadas por el Derecho internacional humanitario, como sucede con los salvajes que atentaron contra la Escuela de Policía General Santander; o la de los voceros de ciertos grupos de poder para quienes la única forma de reaccionar contra los desalmados es haciendo exactamente lo mismo, esto es, aplastándolos porque también se les mira como seres insignificantes o si acaso meros bichos, recuérdese la forma como fue “dado de baja” el criminal apodado “El Guacho”.

A nombre de la civilidad, pues, no es posible patrocinar la que podría denominarse como la “lógica de la sabandija” en cuya virtud debe aniquilarse a quienes no comulgan con nuestros valores, visiones y principios, máxime si nos educaron en el seno de familias cristianas para las cuales la vida es sagrada y nos repitieron, una y otra vez, el quinto mandamiento: ¡no matarás! Con toda razón, pues, decía el pasado lunes 28 el exministro Yesid Reyes Alvarado en su columna del diario “El Espectador”, al referirse a esta absurda polarización del país que solo admite la disyuntiva entre el blanco o el negro: “lo que distingue a los delincuentes de las autoridades estatales es, precisamente, que estas actúan sometidas al imperio de las normas, entre otras cosas porque velar por su cumplimiento es una de sus principales funciones”.

Por tal motivo, así se les respete como personas, no se puede coincidir con quienes comulgan desde el atrio y salen a defender el exterminio de otros; ni, por supuesto, con quienes en medio de su habitual estolidez censuran a quienes tienen otro atisbo del mundo. Con esa lógica arrevesada nunca será posible construir una sociedad en armonía; la concordia de quienes así piensan es la de los sepulcros y no la del diálogo y la convivencia. La paz, dice la Constitución Política, “es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento” y ello obliga a quienes gobiernan y a los asociados, incluidos los que desde sus sitiales generan opinión.

En fin, no se pueden olvidar las lecciones de la modernidad al género humano después de siglos de barbarie: la convivencia solo es viable si se tolera al otro, razón por la cual en el seno de un verdadero Estado de derecho no es pertinente predicar que debemos imponer, sin fórmula de juicio, la pena capital a los delincuentes porque los gobernantes de una comunidad así organizada deben respetar una ética y unos principios que juran defender al asumir sus cargos. Así también lo disponen los instrumentos diseñados para posibilitar una mejor coexistencia en el plano internacional, cuando enseñan que a los malhechores se les persigue y vence con los instrumentos que brinda ese modelo de organización social.

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