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Rafael Isaza
Columnista

Rafael Isaza

Publicado el 05 de diciembre de 2020

La Navidad

Amable lector: Charles Dickens es uno de los más grandes novelistas de todos los tiempos. Escribió, entre otras: Tiempos difíciles, La historia de dos ciudades, David Copperfield y cuentos de Navidad. El más conocido Canción de Navidad. Narra la vida del señor Scrooge, socio por varios años de Jacobo Marley, dedicados al negocio de prestar dinero y atesorar ganancias. Avaros, insensibles y duros con los que no podían pagar las deudas.

Murió Marley, nadie sintió pesar incluyendo a Scrooge. Este siguió viviendo en la miseria, en medio de lingotes de oro. Siete años más tarde de la muerte de sus socio, un 24 de diciembre, todo el mundo se sentía feliz de celebrar la Navidad, menos él, pues consideraba que esto era un pretexto para no trabajar.

Cuando cerró la puerta para acostarse se le apareció la figura de Marley cargado de cadenas. Esto es lo que recibí por el manejo que le di a mi vida. Vengo a advertirte que aún tienes la oportunidad de liberarte de este duro castigo; esta noche te visitaran tres espíritus.

Primer espíritu: Las navidades pasadas. Este espíritu lo llevó a mostrarle dónde se había criado, vio a sus compañeros, a su pequeña hermana que lo quería y él la desdeñaba. En la escuela todos jugaban menos él. Se encontró con su novia de niños, ella le dijo que como era pobre la cambió por el dinero.

Segundo espíritu: La Navidad presente. Este espíritu lo llevó a la casa del empleado a quien le pagaba poco y le exigía mucho. Allí, a pesar de la pobreza celebraban la Navidad con regocijo, observó al pequeño hijo que estaba enfermo y que pronto moriría.

Tercer espíritu: La Navidad próxima. El espíritu lo llevó a presenciar a alguien que había muerto y que las personas lejos de sentir tristeza se alegraban con ello. Y se preguntaban que a quién le habría dejado sus tesoros.

Scrooge se estremeció y dijo: Oh fría, helada, rígida y espantosa muerte!. Luego preguntó al espíritu quién era el muerto, no respondió. Se inclinó y leyó en la lapida su nombre. Temeroso le preguntó si todavía podía cambiar.

Al despertarse sonaron las 12 de la noche, salió a la calle a celebrar la Navidad, a su empleado le aumentó el sueldo y se hizo cargo del niño. A partir de entonces disfrutó con todo y fue generoso con los desprotegidos.

Esta Navidad para muchos será la más triste. Ojalá que los Scrooge que hay entre nosotros, se acuerden de extender la mano para darles a los que perdieron el empleo, el patrimonio y sus ilusiones. Más de una vez se escucha decir que los que no tienen empleo es por pereza y los que pierden su patrimonio por sinvergüenzas; así pensaba Scrooge.

Quienes se priven de cosas superfluas y se desprendan de algún dinero, a cambio de mitigar el sufrimiento de otros, sentirán que esta Navidad será la más feliz de todas.

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