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P. Hernando Uribe
Columnista

P. Hernando Uribe

Publicado el 09 de julio de 2021

La Palabra de Dios

La Biblia propiamente es palabra humana que habla de palabra de Dios. Los autores de la Biblia fueron escritores con la misión de escuchar a Dios, que les hablaba sin ruido de palabras, y que ellos traducían luego a su lenguaje humano. Al lector de la Biblia le corresponde la tarea de desentrañar la Palabra divina encerrada en la palabra humana de la Biblia. Tarea de una sutil delicadeza y constancia.

El comienzo del evangelio de Juan es sublime. “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe”. La Palabra que existía siempre en Dios, comienza a acontecer de modo sorprendente en la historia. Palabra aquí es Persona, Jesús, Dios hecho hombre, lo que es, lo que dice y lo que hace.

El místico lo sabe por experiencia. Para S. Juan de la Cruz, a Dios Padre ya no debo preguntarle nada, pues es como si me dijera: “Pon los ojos sólo en él [en Jesús], porque en él te lo tengo todo dicho y revelado, y hallarás en él aún más de lo que pides y deseas”. Algo similar a lo que dice el comienzo de la carta a los Hebreos: “Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo a quien instituyó heredero de todo”.

Santa Teresa fue gran lectora. Escribió: “sin libro nuevo no me parece tenía contento”, “que en leer buenos libros era toda mi recreación”. Uno de los grandes clásicos de la lengua española terminó por descubrir que “Su Majestad” era el “libro vivo”, y así, desde entonces ninguna necesidad tuvo de libros, pues “bendito sea tal Libro, que deja impreso lo que se ha de leer y hacer de manera que no se puede olvidar”.

Santa Teresita, de sencillez y profundidad admirables, se expresa así: “Sé muy bien por experiencia que el Reino de los Cielos está en nosotros, y Jesús, el Director de directores, no necesita de libros ni de maestros para instruir a las almas, Él, el Doctor de los doctores, enseña sin ruidos de palabras”. Por su familiaridad con Jesús, Teresita va a la Biblia, no a buscar orientación, sino a corroborar lo que ya sabe.

El hombre de la pandemia siglo XXI descubrirá la grandeza de su vocación conversando en su intimidad con el Maestro Divino

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