Por Sara Marín Valencia
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Ya muchas veces se ha dicho que el virus SARS-coV2 ha cambiado la vida de la mayoría de las personas alrededor del mundo. Las calles de Medellín han sido la muestra viva de esto, la soledad ha logrado volcarse sobre las vías más transitadas de nuestra ciudad, un panorama que ha persistido en todo el país.
Pero, si algunos han sentido con mayor intensidad estos cambios en su día a día, han sido las personas que pertenecen al sector de la salud, la investigación, la microbiología y la epidemiología, quienes han reivindicado su compromiso con la protección de la vida, aportando de diversas formas a la lucha, que desde hace ya varios meses tenemos en el país, en contra de la propagación de la covid-19.
El sacrificio ha sido una actitud constante en estas personas que han tenido un contacto directo con el temido virus, ya sea dedicando sus días a atender pacientes sospechosos o portadores de poseer el virus, realizando o analizando pruebas, haciendo cercos epidemiológicos, o desarrollando investigaciones que permitan entender el comportamiento del virus en el cuerpo humano, para así combatirlo con mayor efectividad.
Ellos se arriesgan todos los días por el bien común. Temiendo por la posibilidad de contagiarse, y para evitar trasmitir el virus a sus familiares o seres queridos, han sacrificado al interior de sus hogares pequeños detalles como los abrazos, los besos, las pláticas después de un largo día de trabajo. Solo para finales del mes de abril, según el Instituto Nacional de Salud (INS) se registraban 169 profesionales de la salud diagnosticados como positivos para covid-19.
Sin embargo, y no siendo suficiente con lo anterior, las personas que hacen parte del sector de la salud también se han tenido que enfrentar a la ignorancia de muchos que, cegados por el desconocimiento, han atentado contra su integridad física. Sumado a esto, muchos han tenido que trabajar con condiciones precarias, muchas veces sin contar con los implementos mínimos necesarios para cumplir con sus tareas, llegando incluso a perder la vida por el contagio del virus a través de su trabajo.
Más allá de los merecidos aplausos y la admiración por parte de la ciudadanía, se hace necesaria la atención prioritaria por parte del Gobierno nacional a las problemáticas en el sector de la salud que por años se han padecido, pero como es costumbre en Colombia, se han ignorado.